lunes, 8 de diciembre de 2014

PRISIONEROS TRAS LA GUERRA MUNDIAL-SOLDADOS Y CIVILES (Editado originalmente el 8/11/2011)

Quería recomendar un libro titulado “After the Reich: The Brutal History of the Allied Occupation”, escrito por el historiador británico Giles MacDonogh. Está sólo en inglés por ahora y me temo que pocas editoriales en España tengan el valor de traducirlo y comercializarlo. El libro nos explica el trato dado a la Alemania vencida tras la guerra, el sufrimiento del pueblo alemán y los soldados prisioneros en manos de los vencedores.

Este artículo lo prometí tras escribir el del 29 de Agosto de este año, titulado “TORTURAS A PRISIONEROS ALEMANES POR PARTE DE LOS ALIADOS”. Ya dije que este era una capítulos de la historia y de la II Guerra Mundial, que pocos autores han tocado seriamente y es de agradecer el libro de MacDonogh, que está escrito en la tradición de los grandes historiadores ingleses, es decir desde la objetividad y la frialdad de los datos y lo que sucedió. MacDonogh deja claro que la derrota alemana en Mayo de 1945 que significó el final de la guerra en Europa, quizás fue el fin de las hostilidades militares, pero empezó un auténtico calvario para la población alemana y los soldados prisioneros. No significó el fin de la muerte y el sufrimiento de millones de personas cuyo único pecado era ser alemanes. MacDonogh dice que los aliados iniciaron una nueva era que, en muchos casos, fue peor que la destrucción provocada por la guerra misma. pensemos que La tasa de muertes en los Campos norteamericanos del Rhin en ese momento, de acuerdo con los datos de una encuesta médica, fue del 30 por ciento al año; la tasa normal de muertes de la población civil en 1945, estaba entre el 1 y el 2 por ciento. La diferencia es abrumadora.

Es un libro imprescindible y valiente en el que el autor detalla como un vencido y postrado Reich a los pies de sus vencedores, sin olvidar Austria, que también entraba en paquete de la rendición, fue robado y humillado de forma sistemática, y que muchos alemanes que sobrevivieron a la guerra, fueron asesinados a sangre fría o dejados morir miserablemente enfermos, helados, con malnutrición o hambre. 

Mucha gente puede opinar que tras los supuestos desmanes nazis durante la guerra, algún tipo de violencia vengativa contra los alemanes era inevitable y quizás justificada. Una respuesta que se oye cuando se conoce algún desmán aliado es “los alemanes se lo merecían”. Pero Giles MacDonogh dice rotundamente que las terribles crueldades inflingidas al pueblo Alemán totalmente postrado, fueron mucho más allá de eso. Su estimación es que unos tres millones de alemanes , militares y civiles, murieron innecesariamente después del final oficial de la guerra.
“Dios, cómo odio a los alemanes” escribió Eisenhower a su mujer, Marnie, en septiembre de 1944. Antes, frente del embajador británico en Washington, había dicho que todos, los 3.500 aproximadamente, de los oficiales del Staff de Generales alemanes deberían ser “exterminados”. 

En marzo de 1945, un mensaje al Staff Combinado de Jefes e iniciado por Eisenhower recomendaba la creación de un nuevo tipo de prisioneros -Fuerzas Enemigas Desarmadas, o DEF -quienes a diferencia de los prisioneros de Guerra, definidos por la Convención de Ginebra, no serían alimentados por el ejército después de la rendición de Alemania. Esto era una directa violación de la Convención de Ginebra. El mensaje datado el 10 de Marzo, argüía en parte: “El compromiso adicional de manutención que conlleva el declarar a las Fuerzas armadas alemanas, Prisioneros de Guerra haría necesaria provisiones de raciones en una escala igual a las tropas de base, lo que podría estar más allá de la capacidad de los Aliados, incluso si todas las fuentes alemanas fueran usadas.” Finaliza: “Se solicita su aprobación, ya existen planes preparados sobre esta base.”
Vista aérea de Rheinwiesen, campo americano de prisioneros alemanes
El 26 de Abril de 1945, la combinación de Jefes aprobó el Status DEF, solamente para los Prisioneros de Guerra alemanes en manos de los norteamericanos: Los miembros británicos habían rehusado adoptar el plan norteamericano para sus propios prisioneros. La Combinación de Jefes estipuló que el status de las tropas alemanas desarmadas sería mantenido en secreto. En ese momento, el general del Cuartel Central de Eisenhower en el SHAEF, el General Robert Littlejohn, había ya reducido dos veces las raciones de los prisioneros y un mensaje del SHAEF firmado “Eisenhower” había informado al General George Marshall, Jefe de Staff del Ejército de EEUU, que los descampados cercados para los prisioneros “no tendrán refugios, o techo u otros acomodos“. 

Sin embargo, fue a través de la provisión de alimentos que la política de aniquilación fue llevada a cabo. Agua, alimentos, tiendas de campaña, espacio, medicinas, – todo lo necesario para los prisioneros fue fatalmente negado. En el Campo Rheinberg, no tenía alimentos el 17 de abril cuando fue inaugurado. Tal como en los otros Campos, junto al Rhin, abiertos por los norteamericanos a mediados de abril, allí no había torres de vigilancia, tiendas de campaña,edificios, edificación para cocinar, agua, letrinas o alimentos.

Por ello, aunque un millón de ellos fueron soldados que eran prisioneros de guerra de los soviéticos que murieron en su mayoría en cautividad en Rusia, es menos conocida la historia de miles de prisioneros alemanes que murieron prisioneros de americanos e ingleses, en campos de concentración terribles junto al río Rhin, sin cobijo, a la intemperie y casi sin comida, como se ha comentado más arriba. A las democracias no les tembló el pulso para eliminar sin piedad a toda esa gente. Otros más afortunados, trabajaron durante años como esclavos en países aliados. La mayoría de los dos millones de civiles que perecieron después del final de la guerra fueron mujeres, niños y ancianos, víctimas de enfermedades, frío, hambre, suicidio y asesinato masivo.

Además del rapto y violación de niñas y mujeres alemanas en la zona soviética ocupada, quizás lo más brutal según MacDonogh, es la matanza de un cuarto de millón de alemanes de los sudetes por sus vengativos compatriotas checos. Los pocos supervivientes de esta limpieza étnica fueron expulsados de la frontera y nunca regresaron a sus hogares. Hubo escenas similares de muerte y robo en Pomerania, Silesia y Prusia oriental, donde la población anciana que quedaba fue brutalmente tratada y eliminada.

Se nos recuerda constantemente los campos de concentración alemanes durante la guerra. Pero es chocante que poca gente sepa que esos infames campos siguieron funcionando después de la guerra con prisioneros alemanes, muchos de los cuales murieron miserablemente. El vengativo plan del Secretario del Tesoro USA, Henry Morgenthau, de convertir la vencida Alemania en un empobrecido país agrícola, sin industria moderna, relegado a la edad media, es explicado por Mac Donogh de una forma clara y sin ambiguedades. El plan de Morgenthau también contemplaba la miseria por hambre, la esterilización o la deportación de la población a lo que quedase de las ciudades en ruinas.

Y no fue que de repente los aliados tuviesen piedad humana por Alemania para no llevar a cabo el plan. Fue el miedo a la expansión soviética y el llamamiento al pueblo alemán para que permitiese la estancia militar anti-rusa (aún sigue) de las bases inglesas y americanas. La importancia de un libro como el MacDonogh es que actúa como un antídoto ante la simplista pero duradera propaganda de los que fue la II Guerra Mundial, de que la guerra fue una lucha entre el Bien y el Mal y rompe la benevolente imagen del trato aliado a los prisioneros alemanes y la población civil. 

El libro es mucho más que una simple crónica de la muerte y el sufrimiento humano. Es un monumento a la verdad que se nos han robado todo este tiempo.

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