miércoles, 20 de enero de 2021

 

HUNGRÍA

Se oyen de forma continuada las quejas de la Unión Europea contra Polonia y Hungría por sus políticas anti-inmigración musulmana y negra, leyes LGTBI, contra la hipersexualización de los niños, contra la feminización de los hombres y virilización de las mujeres, etc., y su apoyo decidido y firme a las familias, los hijos y cualquier política de protección y mejora de las condiciones de la población autóctona. Cualquiera que lo vea con ojos objetivos dirá que es lo lógico, que un gobierno está para proteger a sus ciudadanos, pero la UE no lo ve a así y ha tratado que ambos países traguen con las aberrantes directivas impuestas a todos sus socios del continente europeo. Para la UE los dos países son un mal ejemplo. 

De nuevo, la historia nos explica el por qué de la reacción de los dos países. En el caso  concreto de Hungría, aunque en ambos casos la experiencia es la misma, 80 años de comunismo despótico y sangriento les ha vacunado contra esas políticas de la UE que ellos ven claramente como un “revival” del socialismo-comunista que sufrieron y que pronto ya disfrutaremos en toda Europa, empezando por España. Los polacos y los húngaros no tragan y tiene todo el sentido.

Si entro en el capítulo húngaro, los húngaros son una población que ha sufrido durante largo tiempo la maquinaria comunista de destrucción masiva, sobre todo en los últimos cien años, que se pueden considerar brutales. Tras la revolución comunista en Rusia de 1917, la agitación de ese movimiento maldito se extendió sobre Hungría. Para colmo, el Tratado de Versalles, redujo la tierra que pertenecía a Hungría a un tercio de su tamaño previo. La destrucción, el desempleo y el caos envolvió a Hungría tras la estela de la revolución rusa y el final de la I Guerra Mundial. Los desgraciados ciudadanos húngaros de 1919, fueron secuestrados por una minoría étinca de radicales al servicio de Moscú y bajo la égida de Bela Kuhn.

Este activista despiadado y miembro de esa minoría étnica y radical, nació en 1886 y en su primer trabajo fue despedido por malversación, antes de ser reclutado por el ejército húngaro para luchar en la I Guerra Mundial. Cuando se llevó a cabo la revolución bolchevique de Lenin, Kuhn estaba prisionero en un campo de concentración ruso, ya que fue capturado en el frente del Este. Lenin aprovechó el gran número de prisioneros de distintos orígenes europeos, para enviar a sus comisarios y buscar líderes que llevasen la revolución comunista a sus países de origen. Bela Kuhn abrazó el comunismo con gran entusiasmo. Lenin estaba tan satisfecho con Kuhn, que le llevó a Moscú y le puso al frente de la construcción del Partido Comunista en Hungría. Kuhn se fue de Moscú con otros 300 prisioneros de guerra húngaros para organizar la revolución bolchevique en su país. Obviamente, Lenin le dio un gran suma de dinero para ese proyecto.

Budapest tenía una gran población de la misma minoría étnica que Bela Kuhn, la segunda tras Varsovia. Esta minoría apoyó a Kuhn y su activismo comunista. Se convirtió en presidente de Hungría el 21 de Marzo de 1919. La mayoría de los miembros sobresalientes de ese gobierno, también eran de esa minoría étnica. Kuhn desató un reino de terror y asesinatos sin precedentes en la historia húngara. Los esbirros de Kuhn en el gobierno empezando con el cruel Tibor Szamuely, el cual empezó un despiadado mandato de terror. El mandato de Kuhn duró menos de cinco meses, 133 días concretamente, y sus esbirros asesinaros a unos 4.000 húngaros, ya fueran ahorcados, tiros en la nunca o bien torturados hasta la muerte. Algunos ciudadanos prominentes como el coronel Dormandy y Victor Horvath, fueron torturados de forma atroz en las bodegas del Palacio de Batthyany. Les apagaban cigarrillos en la boca y les hacían beber enormes cantidades de agua, así como clavos ensartados en sus uñas. Lenin les animaba a utilizar estas torturas contra cualquier oponente.

Entre otros sicarios estaba Georg Luckacs, luego miembro de la fatídica Escuela de Frankfurt, que se encargó del Ministerio de Educación y en ese poco tiempo ya animó a los niños a temas aberrantes de sexualidad, delación de sus padres y eliminación de la religión católica ¿nos suena en España en 2021?. Afortunadamente, el 2 de Agosto de 1919, el gobierno fue depuesto por el Almirante Nicholas Horthy y tropas leales a Hungría, convirtiéndose en el Regente. En 1921, Horthy prohibió el partido comunista y dio pasos para controlar a esa minoría étnica enemiga de Hungría. Lenin le dio más trabajo a su monstruo y sicario Bela Kuhn. Tras huir de Hungría, fue enviado a pacificar Crimea, donde se acredita que asesinó a unas 50.000 personas. Finalmente, Bela Kuhn fue ejecutado durante las purgas de Stalin en Noviembre de 1938. Demasiado tarde para sus víctimas…

Pero la pobre Hungría no lanzó al baúl de la miseria y el olvido al comunismo tras la caída de Kuhn. Los buenos de la II Guerra Mundial aceptaron las demandas de Stalin de mantener el control de la Europa del Este, apropiándose de Hungría en 1945, y sometiéndola de nuevo al comunismo. Los USA, fallaron a, tratar de dar algo más que moral para apoyar a los valientes húngaros contra los soviéticos en la revuelta húngara de 1956. Murieron a miles durante el levantamiento. Otros tantos huyeron de su patria para evitar las ejecuciones o los gulags soviéticos. Hungría se convirtió en un rehén durante más de medio siglo, debido a la cobarde reacción de los líderes occidentales que temían a su propio socio Stalin.

Durante los años 60’s, tuve ocasión de conocer en Barcelona a muchos jugadores de futbol que escaparon de Hungría y luego jugaron en el Barcelona, Madrid, etc., como Czibor, Kubala, Kocsis, etc. Sigo siendo muy amigo de Zoltan Czibor, hijo de ese gran jugador que ya reposa para siempre de nuevo en su martirizada tierra húngara.  

Todo esto nos explica el por qué Viktor Orban quiere ayudar a su pueblo y no quiere someterse a la dictadura de la UE y sus burócratas implacables que nadie ha votado. Tienen suficiente experiencia de a qué conduce esta alocada y social-comunista Europa.

miércoles, 13 de enero de 2021



¿CELEBRACIÓN? (y 2)

La postura de Ewell, le presenta como si fuese un valiente fuera del sistema, que lucha denodadamente contra las normas siniestras de la música occidental, cuando en realidad su visión era convencional hasta que hubo el advenimiento de la “Nueva Musicología” a finales de los años 80’s, cuando el marxismo cultural empezó a tener su auge en Occidente. La musicología fue una de las últimas fronteras para la teoría crítica y el postestructuralismo, que ya habían infectado la gran mayoría de estudios sobre humanidades y ciencias sociales a principios de los años 80’s. La nueva musicología fue fundada por el crítico y musicólogo americano de origen judío, Joseph Kerman (apellido original Zukerman), cuyo padre, el editor William Zukerman, fue una figura prominente en los medios de propiedad judía y autor del libro de 1937 “The Jew in Revolt: The Modern Jew in the World Crisis”

Una figura clave en el ascenso de la “Nueva Musicología” fue Susan McClary, cuyo libro de 1991 “Feminine Endings: Music, Gender and Sexuality”, se considera como el pilar base del movimiento. Susan ganó fama y notoriedad por su “análisis” feminista del primer movimiento de la 9ª Sinfonía de Beethoven, donde proclamó “El punto de recapitulación en el primer movimiento de la 9ª, es uno de los más horribles en la música, ya que la cadencia preparada con mucho cuidado es una represión de la energía frustrada, que finalmente explota en la rabia asesina y estranguladora de un violador, incapaz de lograr la liberación”. Esta declaración risible y en el campo de lo cómico, fue una elaboración de su creencia de que la música occidental es inherentemente sexista, misógina e imperialista: esa “tonalidad, por sí misma, con su proceso de instilar expectativas y subsecuentemente reteniendo el cumplimiento prometido hasta el climax, es el medio principal durante el período de 1600 a 1900, para despertar y dirigir el deseo. La clave principal “masculina” se dice que representa al hombre y la clave secundaria “femenina”, representa al “otro”, un territorio para explorar y conquistar, asimilado en el yo declarado en la clave tónica de inicio”.

Todas las criticas del marxismo cultural contra la música clásica occidental, caen siempre en este ejemplo metáforas completamente especulativas y en función del gusto o paranoia particular de alguien. La “Nueva Musicología” impone sistemáticamente una ideología contra el hombre blanco como eje y en ese comportamiento y de forma feliz, descarta el probarlo aportando pruebas. La postura engreída que dice que antes del advenimiento de la “Nueva Musicología”, la disciplina musical estaba limitada por rígidos límites de empirismo y positivismo, es falsa. Lo que había era una creencia pura en los elementos musicales y en el valor de estudiarlos. El problema con esos supuestos “análisis técnicos objetivos” como los de McClary y Ewell, es que invariablemente conducen a conclusiones de “Supremacismo Blanco”, sobre la relativa calidad de tradiciones musicales de diferentes orígenes. La “dimensión problemática” de analizar “música como simple música” nos dice Susan McClary, es que la gente, inevitablemente, señala a la música clásica occidental como una prueba de la superioridad de los descendientes de europeos, la cual marginaliza al resto del mundo y también, a grupos minoritarios en los USA”.

Y lo último que le faltaba al bueno de Beethoven como deconstrucción del marxismo cultural y propuesto como reconstrucción anti-blanca, han sido y son los intentos por parte de los negros de apropiarse de Beethoven para ellos. Debido al hecho de que Beethoven tiene el status del arquetipo de genio musical, los negros supuestamente agraviados, desde el pasado siglo XX, tratan de propagar el mito de que Beethoven tenía ancestros africanos. La base de esta absurda reclamación es que la tez del compositor era ligeramente morena y el hecho de que parte de su familia tenía sus raíces en Flandes, que estuvo durante un período bajo la égida de España. Con todo ello y debido a la circunstancia de que España tuvo una larga conexión histórica con el Norte de África y los moros, se argumenta que un grado de negrura llegó hasta el gran compositor. Parece que olvidan el hecho de que los moros, como grupo racial, no eran ni siquiera negros.

Este mito fue diseminado por el “historiador” jamaicano Joel Augustus Rogers, en trabajos como “Sexo y Raza”, los dos volúmenes de “World’s Great Ten of Color”, “100 Amazing Facts About the Negro, “Five Negro Presidents” y “Nature Knows No Color Line”. Rogers, cuyo rigor intelectual era inexistente, dijo que Beethoven, además de Thomas Jefferson, Johan Wolfgang Goethe, Robert Browning y varios Papas, entre otros personajes, eran genealógicamente africanos y por lo tanto, negros. A pesar de ser todo un despropósito del amigo Rogers, el mito aún está presente en nuestra cultura contemporánea: en 2007, Nadine Gordimer, publicó una colección corta llamada “Beethoven One-Sixteenth Black, And Other Stories”. La determinación, sin prueba o evidencia alguna, de convertir a Beethoven en negro es, desde luego, un intento desesperado de hacer del compositor y su obra un símbolo glorioso de los logros negros.

La música clásica, como otros aspectos de la Cultura Occidental, ha sido una de las últimas víctimas de la manía por la diversidad anti-blanca, que ahora infecta la vida intelectual en todo Occidente. La crítica del marxismo cultural a la música clásica y a Beethoven, se basa en argumentos mezcla de mala fe, mentiras, invenciones y ocurrencias y afirma que la música occidental no es nada excepcional y no puede ser invocada para aupar a los blancos ya que ello implica necesariamente la inferioridad de las otras razas. Una larga conspiración del supremacismo blanco empequeñece los logros de negros y marrones, pero parece que fracasa en prevenir los intereses y logros de los asiáticos. Compositores negros han escrito sinfonías ¿no?, de hecho Beethoven mismo era negro…, pero la tradición musical occidental es inherentemente supremacismo blanco que necesita una urgente reconstrucción radical. 

La verdadera razón última de que la música clásica sea atacada por los activistas anti-blancos y del status de Beethoven como un titán de la civilización europea, es por la brecha en los logros civilizacionales que provocan una afrenta embarazosa cuando hoy se asume la igualdad como dogma social. La música occidental, con Beethoven como máximo exponente, permanece como un testamento brillante de la preeminencia de la alta cultura europea, e implícitamente de la raza responsable de ese logro. Los ataques a Beethoven en este pasado 2020, son otro ejemplo de la guerra contra los blancos a través de la construcción de una nueva cultura.

sábado, 9 de enero de 2021

 

¿CELEBRACIÓN? (1)

Hoy quiero hablar de música... En este pasado mes de Diciembre de 2020 se ha celebrado el año de nacimiento de uno de los más grandes genios de la música de toda la historia ¿su nombre? Ludwig van Beethoven. Aunque se desconoce el día exacto de su nacimiento en Bonn, lo que sí es cierto es que nació en Diciembre de 1770, es decir, hace 250 años exactamente. ¿Alguien lo sabía? ¿Habéis visto algún acto, cartel o noticia al respecto?. Yo no. 

Evidentemente, el virus chino no ha ayudado al evento y sí, se han cancelado los conciertos conmemorativos previstos. Sin embargo, ha habido otro “virus” realmente letal para Beethoven y son los esfuerzos implacables de los activistas anti-blancos, que atacan la reputación y la plaza dominante del compositor en el panteón cultural de Occidente. En vez de haber sido un año llenos de sonatas, cuartetos de cuerda, conciertos y sinfonías, el año 2020 solo ha visto ataques continuos contra Beethoven por ser un hombre blanco, genial y pieza fundamental de la tradición musical europea. 

Beethoven es el compositor cuyo repertorio ha sido más interpretado y este año no debería de haber sido una excepción. Antes de la cancelación general que he citado, del 15 al 20% del repertorio habitual que ofrecen las grandes orquestas, ha sido y es música de Beethoven. Se le reconoce ampliamente como el más grande compositor de todos los tiempos, aunque eso pueda ser motivo de discusión entre los musicólogos. Los conciertos y sinfonías en sus manos, se convierten en narraciones de fuerza heroica. Sus últimos cuartetos de cuerda abren una ventana profunda en el alma de cualquier persona. A diferencia de sus predecesores que fueron como artesanos que le entregaban una pieza musical a quien la pidiese y pagase, Beethoven luchó por su independencia musical en la época del Romanticismo, insistiendo en su creatividad libre de ataduras: “Lo que está en mi corazón debe salir y por ello lo anoto”. Esta fue su manifestación rechazando un puesto seguro y pagado, como su tutor Joseph Haydn, que fue el maestro de música de un terrateniente feudal en lo que hoy se conoce como Hungría. 

Pero cualquier referencia laudatoria a cualquier genio blanco como Beethoven, dispara inevitablemente el desprecio de los comentaristas anti-blancos, que suelen repetir como loros ante los compositores alemanes, sobre todo, que: “son argumentos del supremacismo blanco, nazis, neo-nazis y separatistas raciales para quienes la “música clásica”, la música de los “blancos” es inherentemente más sofisticada, complicada y valiosa que las tradiciones musicales de África, Asia, Suramérica u Oriente Medio, tratando de probar la superioridad de la “raza blanca”. Visto desde la óptica del Marxismo Cultural con respecto a la critica racial y la teoría de género, la música de Beethoven domina el repertorio de los conciertos no por su excepcional calidad, sino por el privilegio blanco. Insisten en que el lugar dominante de Beethoven, es el resultado de esa conspiración supremacista blanca que “suprimió intencionadamente” la música de los compositores “no-blancos” para “servir a la narrativa blanca de supremacía cultural, específicamente alemana y de Occidente”. 

En un reciente podcast que pude escuchar (https://www.vox.com/switched-on-pop/21437085/beethoven-5th-symphony-elitist-classism-switched-on-pop), el musicólogo Nate Sloan y el cantante Charlie Harding, dicen que las conocidísimas notas de apertura de la 5ª Sinfonía, no deben ser oídas según su interpretación tradicional, sino la puerta cerrándose ante las minorías como “mujeres, LGTBI, gente de color, etc.”. Y afirman, sin pruebas, que los “hombres blancos ricos”, asumieron la 5ª Sinfonía como “el símbolo de su superioridad e importancia”. El clarinetista negro Anthony McGill está de acuerdo y dice que la 5ª Sinfonía es un “barrera” entre la música clásica y las audiencias nuevas y racialmente diversas”. 

El compositor musical judío Norman Lebrecht defendió a Beethoven contra los comentarios de Sloan y Harding, diciendo que Beethoven era liberal y que “habían olvidado como la 5ª Sinfonía sirvió a millones de personas como símbolo e himno de libertad en la guerra contra el nazismo”. Lo que no mencionó el amigo Lebrecht es que aparte de preferencias políticas, ya que era liberal para su época y con simpatías republicanas, el compositor hizo repetidos comentarios contra el grupo étnico de Lebrecht. En una ocasión, Beethoven rechazó la idea de vender su “Missa Solemnis” al editor musical judío Adolf Schlesinger, a favor del alemán C.F. Peters, informándole a éste último que: “Bajo ninguna circunstancia Schlesinger tendrá algo de mi, porque también ha jugado conmigo con sus trucos judíos”. 

El crítico musical de origen judío Alex Ross, del “The New Yorker”, dijo que las celebraciones  sobre Beethoven previstas en 2020 “son una celebración gratuita y excesiva de los 250 años del nacimiento del compositor, que difícilmente necesita más publicidad”. Durante el inicio de las revueltas del “Black Lives Matter”, Ross insistió en un examen de la relación entre la música clásica a la que tilda de “ciegamente blanca, tanto en su historia como en su presente”, y exclama que cuando la tradición de la música clásica fue transplantada a los USA, la “mayoría blanca tendió a la adopción de música europea como un blasón de su supremacismo. Las instituciones de música clásica que aparecieron en la mitad y finales del siglo XIX, por ejemplo la Filarmónica de Nueva York, La Sinfónica de Boston, La Opera Metropolitana, etc., se convirtieron en templos de los dioses europeos… Apenas se hizo esfuerzo alguno para cultivar a compositores americanos; parecía más importante el crear una fantasía de grandeza Beethoviana”. 

Para Ross, la música clásica debe “superar sus sombras del pasado” si se compromete ella misma a “una confrontación mucho más radical con la herencia blanca europea”, programando a compositores no-blancos como Julius Eastman, un compositor negro ya fallecido, cuyas “estructuras improvisadas, su minimalismo, sus temas políticos subversivos y su abierta homosexualidad, le dan un aspecto revolucionario”. En la primera línea de los ataques a Beethoven 2020, ha estado también el compositor y músico negro y académico del Hunter College, Philip Ewell, que escribió un artículo titulado “Beethoven fue un compositor por encima de la media - Dejémoslo así”. Ewell evita los epítetos laudatorios aplicados habitualmente a compositores blancos como Beethoven y sus obras. Para Ewell, adjetivos como “genio” y “pieza maestra”, evocan “esclavitud” (maestro-esclavo), y sexismo (maestro-amante), y el lexicón de la música clásica, para él, desborda con eufemismos que disfrazan y refuerzan el “esquema hombre-blanco”. 

En vez de disfrutar del mérito reconocido de brillantez y originalidad por su obra, Ewell insiste que la fama de Beethoven ha sido elevada artificialmente diciendo que “además de incontables hombres blancos, y ha sido puesto ahí por el “esquema hombre-blanco”, tanto consciente como inconscientemente, con descripciones como “genio”, “maestro” y “pieza maestra”. Ewell cataloga la 9ª Sinfonía “una pieza maestra al igual que las “12 Little Spells” de Esperanza Spalding (la cantante y contrabajista negra). Buscadlo y comparad ambas obras… Ewell argumenta que el estatus de Beethoven y su 9ª Sinfonía es puramente un producto resultante de la teoría musical “esquema hombre-blanco, la cual ofusca raza y género”.


domingo, 3 de enero de 2021

lunes, 28 de diciembre de 2020

BARBAROSA (y 3)

En el discurso al Politburó que he indicado, Stalin dijo: “La cuestión de guerra o paz ha entrado en una fase crítica para nosotros. Si concluimos un pacto de asistencia mutua con Inglaterra y Francia, Alemania retrocederá de Polonia y buscará un modus vivendi con los poderes occidentales. La guerra se evitaría, pero la situación podría volverse peligrosa para la URSS. Si aceptamos la propuesta de Alemania y concluimos con un pacto de no-agresión con ella. Desde luego invadirá Polonia y la intervención de Francia e Inglaterra en esa guerra será inevitable. La Europa occidental estará sujeta a serios levantamientos y desorden. Bajo esas condiciones tendremos una gran oportunidad de mantenernos lejos del conflicto y podemos planificar el tiempo adecuado para nuestra entrada en la guerra”.

“La experiencia de los últimos 20 años ha demostrado que en tiempos de paz el movimiento comunista no es lo suficientemente fuerte para llegar al poder. La dictadura del partido sólo será posible como resultado de una gran guerra. Nuestra elección es clara. Debemos aceptar la propuesta alemana y educadamente enviar a la misión anglo-francesa a su casa. Nuestra ventaja inmediata será tomar Polonia hasta las puertas de Varsovia, al mismo tiempo que la Galizia ucraniana…”

Resumiendo, Wolfgang Strauss indica que Stalin se esforzó por una guerra en toda Europea, una guerra de agotamiento que acabaría con todos los estados y sistemas europeos. Además, Stalin planificó entrar en la guerra bajo las ruinas de la Europa “capitalista” y luego dictar su sovietización por la fuerza militar (el término “sovietización” aparece repetidamente en su discurso). Mientras que aparentemente en este discurso confirma las intenciones agresivas de Stalin, la cauta Bushuyeva habla de Clausewitz en el efecto de que la guerra tiende a asumir sus propias direcciones y dimensiones, sin tener en cuenta lo que bando o el otro habían dicho o planificado.

En su articulo en el “Novy Mir” la amiga Bushuyeva escribe sobre el dolor que los rusos tendrían ahora sabiendo todo eso nuevo, sobre lo que habían creído durante décadas acerca de la “Gran Guerra Patriótica” y que ha sido falso. Y nos dice que de los jóvenes nacidos entre 1922 y 1925 y que fueron enviados a la guerra por Stalin, sólo 3 de cada 100 sobrevivieron al conflicto. Escribe Bushuyeva “La profundidad total de la tragedia que le sucedió a nuestros 5 millones de soldados en Junio de 1941, debe ser investigado. La maldad de los que dirigían la Unión Soviética y que habían pensado para otros, de repente por causas insondables, golpeó a nuestro propio país”.

“Sería fácil” sigue Bushuyeva “maldecir a esos que están “re-escribiendo” la historia y seguir creyendo en los mitos familiares y símbolos que apelan a nuestro orgullo patriótico, al patriotismo del pueblo ruso. “Sí, sería posible seguir como antes, si no hubiese una circunstancia peculiar. El hombre está constituido de tal forma en que la verdad, por dolorosa que sea, es más importante en el análisis final, que la niebla espúrea de vivir en la mentira y la ignorancia”. Pero por otro lado, Suvorov reconoce que muchos rusos le desprecian por sus revelaciones y nos dice “He retado a la cosa más sagrada a la que la gente de Rusia aún se aferra: “La Gran Guerra Patriótica”. He sacrificado cualquier cosa querida para mi al escribir estos libros. Hubiese sido intolerable haber muerto sin decirle a la gente lo que he descubierto. ¡Maldecid los libros! ¡Maldecidme! Pero incluso maldiciéndome a mi, tratad de entender”.

Tras la publicación del discurso de Stalin en el “Novy Mir”, los historiadores de la Universidad de Novosibirk, llevaron a cabo un gran trabajo de revisionismo de la situación que había en la pre-guerra, durante la guerra y la pos-guerra. Los resultados de ese seminario académico fueron publicados en Abril de 1995. La historiadora rusa I.V. Pavlova dijo de forma franca en su exposición que durante décadas, los historiadores del Partido Comunista trabajaron para enterrar los antecedentes, orígenes y desarrollo de la II Guerra Mundial, incluyendo el discurso de Stalin de Agosto de 1939, bajo una montaña de mentiras. Otro de los académicos participantes V.L. Doroshenko dijo que las nuevas evidencias mostraban que “Stalin provocó y desató la II Guerra Mundial”. Y sugirió que Stalin y su régimen deberían de haber sido juzgados en Nurenberg. Doroshenko añadió: “no por qué simplemente Stalin ayudó a Hitler, sino por qué era del interés de Stalin que la guerra empezase. Primero, para poder llegar al poder en toda Europa y segundo, por la ventaja inmediata de destruir Polonia y ocupar Galizia. Pero para Stalin el motivo principal era la guerra en sí misma… El colapso del orden europeo hubiese hecho posible para él, el establecer su dictadura sobre toda Europa”.

Para este fin, Stalin quería estar en ese momento fuera de la guerra, pero solo con la intención de entrar en ella en el momento propicio. En otras palabras, el pacto de no-agresión liberó las manos de Hitler y motivó a Alemania a desatar la guerra con Polonia. Tal como firmó el pacto, Stalin estaba determinado a romperlo. Desde el principio no tenía intención de estar al margen del conflicto, al contrario, quería entrar como he dicho antes en el momento más ventajoso para él. He de reconocer que esos historiadores rusos demostraron mucho valor en abrir esa caja de truenos para Rusia y ese capítulo de su historia. Demostraron buscar la verdad de forma objetiva con mente abierta para enfrentarse a uno de los grandes tabúes del siglo XX, y mucho más que sus colegas cobardes y oficialistas de la Europa occidental y los USA.

En honor a la verdad, también hay excepciones por occidente. Recientemente, unos pocos historiadores han confirmado la veracidad de esta visión radical y revisionista de la historia de la II Guerra Mundial. Esto incluye al historiador alemán Max Klüver en su libro de 1986 “Präventivschlag 1941” (Ataque Preventivo 1941), y el académico austriaco Ernst Topitsch en “Stalins Krieg” (La Guerra de Stalin) de 1987. También el historiador USA R.H.S. Stolfi, se hace eco de la visión de Suvorov en su libro de 1991 “Hitler’s Panzers East: World War II Reinterpreted” (Los Panzer de Hitler en el Este: La II Guerra Mundial Reinterpretada), y el historiador alemán Dr. Joachim Hoffmann ha añadido mucho a esta discusión con su impresionante investigación de 1995, bajo el título “Vernichtungskrieg 1941-1945” (La Guerra de Aniquilación de Stalin). Hay que saber que en Alemania o Austria, el decir que Hitler hizo algo bien en su mandato está prohibido (aunque pueda ser verdad, eso no es relevante), luego decir que hizo un ataque preventivo y salvó a buena parte de Europa del comunismo, es meterse en un auténtico lio.  

Según Wolfgang Strauss, las nuevas revelaciones sobre el discurso de Stalin convenientemente suprimido de la historia durante tanto tiempo, y el tratamiento de este asunto por los jóvenes historiadores rusos, constituye una victoria para el revisionismo europeo y representa un gran punto de giro en la investigación histórica. Mientras tanto, Suvorov y otros historiadores continuan buscando evidencias históricas. Además del  trabajo de desenterrar archivos, Suvorov dice que en respuesta a su libro “El Rompehielos” y “Día M”, veteranos alemanes y rusos de la II Guerra Mundial, le han escrito para ofrecerle más pruebas de apoyo a su tesis. Suvorov trabajó sobre un tercer libro titulado “La Última República”, publicado hace ya tiempo en Rusia, donde refuerza su tesis. Por ahora sólo está en ruso…

 
BARBAROSA (2)

Como dije al principio, los alemanes capturaron una enorme cantidad de tropas y material soviético durante su entrada en territorio enemigo. La explicación es bien sencilla, los alemanes cortaron de golpe el plan soviético de asalto a Europa y esas tropas acantonadas y preparadas para el ataque lo demuestra.

Eso también desmonta lo que dice la historia oficial sobre la candidez de Stalin que creyó firmemente en Hitler. Esa imagen de un crédulo Stalin y un traidor Hitler es ampliamente aceptada en los USA y en Europa. Evidentemente Suvorov se burla de esa creencia y nos dice que fue exactamente al contrario. De hecho, Suvorov afirma que fue Hitler el que fatalmente se equivocó de cálculo con Stalin, como mínimo durante casi un año y medio, cuando ya era demasiado tarde.

Mientras que podemos decir que Hitler tuvo éxito en frustrar el gran plan de invasión de Stalin, el líder alemán infravaloró fatalmente la magnitud y la agresividad de la amenaza soviética. Suvorov afirma que “Hitler comprendió que Stalin estaba preparando un gran plan de invasión, pero se equivocó en su cálculo de la magnitud de esa preparación… No vio lo grande y próximo que estaba ese peligro”. En este punto puedo discrepar de Suvorov ya que sí creo que Hitler vio esa invasión y por eso actuó lo más rápido posible cuando pudo reunir y preparar a tres millones de hombres en tres ejércitos: Norte, Centro y Sur. En lo que sí estoy de acuerdo en que no tuvo la información de la magnitud de las fuerzas soviéticas. Y aquí el Abwehr dirigido por Wilhelm Canaris, tuvo una culpabilidad clara.

Según Suvorov, los historiadores no explican correctamente por qué Hitler decidió atacar a la URSS en un momento en que UK no estaba conquistada, lo que le llevó a una peligrosa guerra en dos frentes. Esos historiadores oficiales simplemente se refieren a las ganas que tenía Hitler de obtener su “Lebensraum” o “Espacio Vital”. Suvorov aclara que Stalin no le dio otra opción a Hitler. La movilización secreta de la URSS fue de tan enorme dimensión que era muy difícil ignorarla. Era tan enorme que no podía ser disimulada, por ello la única opción para Hitler fue lanzar un ataque preventivo lo antes posible. Hitler golpeó dos semanas antes a Stalin. Era el único recurso del que Hitler disponía. Stalin no necesitó a Churchill, Roosevelt o el gran espía Richard Sorge, para prevenirle de un posible ataque alemán. Él ya había hecho sus propios preparativos para enfrentarse a Alemania. Pero como paradoja, al haber preparado Stalin sus tropas para una ofensiva y con esa mentalidad, no hizo nada por la defensa de la URSS.

Los alemanes disfrutaron de la ventaja temporal de la sorpresa, ya que lanzaron ese ataque dos semanas antes de que el Ejército Rojo estuviese completamente a punto para su ataque. La sorpresa fue mayor ya que Stalin no creía que los alemanes se atreverían a abrir un segundo frente en el Este, mientras todavía estaban luchando contra los ingleses. También contribuyó al espectacular avance inicial el valor y la profesionalidad de los soldados alemanes. La derrota soviética al inicio de la guerra (entre Junio y Septiembre de 1941), fue debido al hecho que el ejército alemán lanzó su ataque sorpresa justo en el momento en que la artillería soviética aun estaba movilizándose hacia la frontera, junto al aprovisionamiento de munición. La artillería no estaba preparada para una guerra defensiva y el 22 de Junio no estaba preparada para la ofensiva.

Debido al hecho de que Alemania no disponía de los recursos naturales para una guerra prolongada, Hitler debía someter a la URSS en cuatro meses es decir, antes del invierno. Aquí su cálculo falló. Durante el Verano y Otoño de 1941, Hitler golpeó muy duramente pero no destruyó la enorme máquina militar comunista. Algo que ayudó y mucho a Alemania en su ataque fue el poder disponer de los enormes recursos militares almacenados por el Ejército Rojo y que cayó en sus manos. En la Operación Barbarosa, Hitler lanzó 17 divisiones de tanques. Tras tres meses de combates, sólo quedaban una cuarta parte de esos tanques, mientras que las fábricas de Stalin no solo producían muchos más tanques, sino que de calidad superior.

Durante esos meses de ataque y victorias, los alemanes destruyeron el 75% de la capacidad militar de la URSS, y por ello y sin duda alguna eliminando la amenaza inmediata sobre Europa. Entre Julio y Noviembre de 1941, las fuerzas alemanas conquistaron 303 fábricas de municiones soviéticas, que producían anualmente más del 85% de toda la producción de municiones de la URSS. Sin embargo y tiene razón, Suvorov nos dice que eso no fue suficiente “El ataque de Hitler ya no podía salvar por más tiempo a Alemania. Stalin no sólo tenía más tanques, artillería y aviones, tenía más soldados y más oficiales, y además puso su industria en economía de guerra y pudo fabricar armamento en las cantidades que quiso”. El 29 de Noviembre de 1941, el Ministro de Armamentos Fritz Todo, informó a Hitler que desde el punto de vista de armamentos y economía de guerra, Alemania ya había perdido la guerra.

Stalin ganó porque un residual 25% de la gigantesca economía de guerra soviética, incluyendo un 15% de su producción de municiones, la mayor parte en fábricas en los Urales y Siberia, estaba intacta. Luego, con sólo una fracción de su poder inicial, Stalin todavía fue capaz de ganar batallas decisivas como Estalingrado, Kurks y Berlín y derrotar a las poderosas fuerzas alemanas y de sus aliados del Eje. También contribuyó a la victoria soviética la entrada en guerra de los USA, la ayuda muy sustancial americana por el Acta de Préstamo y Arriendo que la URSS jamás pagó y, por supuesto, el legendario estoicismo y dureza del soldado soviético. A pesar de que Hitler golpeó primero, es sabido que la URSS al terminar la guerra controló Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia y la Alemania del Este. 

Llegados a este punto, hemos de recordar que Hitler retrasó varias veces la “Operación Barbarosa” y Suvorov nos indica “Imaginemos que Hitler retrasa una vez más su ataque a la URSS, y Stalin ataca a Europa el 6 de Julio de 1941… Imaginemos qué hubiese pasado si Hitler se hubiese convertido en la víctima del devastador ataque preparado por Stalin. En ese momento, Stalin no hubiese tenido sólo un 15% de su capacidad de producción del Comisariado de la Industria de Municiones, sino el 100%. En ese caso, ¿cómo hubiese acabado la II Guerra Mundial? En ese escenario, no es ilógico suponer que en Noviembre-Diciembre de 1941, las fuerzas soviéticas hubiesen alcanzado el Atlántico, conquistando Berlín, París, Amsterdam, Roma, Estocolmo y Madrid. 

Desde la publicación de su libro y otros previos relacionados con el mismo asunto, los académicos rusos han encontrado evidencias adicionales en los antiguos archivos soviéticos que confirman la tesis de Suvorov y obliga a una radical re-escritura de la historia de la II Guerra Mundial. Es evidente que muchos documentos fueron destruidos por los comunistas para blanquear su imagen de víctimas y no de agresores, pero también han salido a la luz documentos reveladores. Uno de los más importantes de esos documentos censurados y escondidos, es el texto completo del discurso secreto de Stalin del 19 de Agosto de 1939. Durante décadas, los líderes comunistas negaron que Stalin hubiese hecho ese discurso, insistiendo en que no hubo ninguna reunión del Politburó en esa fecha. Otros incluso dijeron que ese discurso fue una falsificación. 

La historiadora rusa T.S. Bushuyeva encontró una versión del texto entre los documentos secretos de los Archivos Especiales de la URSS y la publicó junto a un comentario en el influyente periódico ruso “Novy Mir” (Nº 12 de 1994). El escritor alemán Wolfgang Strauss lo indicó así como otros descubrimientos recientes de los historiadores rusos de nueva hornada y en Abril de 1996 lo publicó en en la revista mensual alemana “Nation und Europa”. Evidentemente, no conozco a ningún historiador en la Europa occidental que haya hablado de ese texto de Stalin hasta el momento. Hemos de tener en cuenta que este discurso se hizo mientras los oficiales soviéticos estaban negociando con representantes ingleses y franceses, sobre una posible alianza militar con UK y Francia, y mientras que los alemanes y los soviéticos negociaban a su vez un posible pacto de no-agresión entre sus países. Cuatro días después de este discurso de Stalin, el Ministro de Exteriores alemán von Ribbentrop, se reunió con Stalin en el Kremlin para firmar ese pacto de no agresión.

domingo, 27 de diciembre de 2020

 
BARBAROSA (1)

En algunos artículos os he hablado del ataque alemán contra la URSS en Junio de 1941. Desde siempre me llamó la atención la gran cantidad de prisioneros soviéticos que las tropas alemanas capturaron en las primeras jornadas de la entrada en territorio ruso. Era algo llamativo para mí y que con el tiempo me quedó confirmado por el libro de Viktor Suvorov “El Rompehielos”. La URSS preparaba un asalto militar con su Ejército Rojo de toda la Europa Occidental para mediados de Julio de 1941. Esos millones de soldados soviéticos estaban acantonados y preparados en la frontera germano-soviética de la antigua Polonia. Alemania se adelantó medio mes antes a esa invasión comunista realizando su ataque preventivo el 22 de Junio de 1941. 

Cuando Hitler lanzó su “Operación Barbarosa”, los líderes alemanes lo justificaron como un ataque preventivo de esa invasión soviética que comento. Pero tras la guerra los militares supervivientes más importantes y los líderes políticos alemanes fueron llevados al cadalso en Nuremberg, entre otras cosas, por planificar y llevar adelante una “guerra agresiva”, contra la Unión Soviética. Como era de esperar, el “tribunal” rechazó los argumentos alemanes de que su ataque fue preventivo.

Desde entonces los historiadores, miembros del gobierno y los trabajos escritos de referencia en los países aliados como USA, UK o la URSS, mantuvieron férreamente que Hitler traicionó a los líderes comunistas y lanzó su traicionero ataque sorpresa, motivado por su codicia por los recursos rusos y ucranianos y su “Lebensraum” (Espacio Vital), como parte de su enloquecida “conquista del mundo”. Como aparece en su muy bien investigado y argumentado libro que es “El Rompehielos”, Viktor Suvorov (nombre real Vladimir Bogdanovich Rezun), desmonta uno a uno todos los clichés que han repetido como cacatúas los aliados a lo largo de 80 años. Y ese estudio debería provocar una relectura seria de la historia de la II Guerra Mundial.

Viktor Suvorov no era ni es un ruso cualquiera. Fue entrenado como oficial del ejército soviético en Kalinin y Kiev, más tarde tras pertenecer al personal de servicio y completar sus estudios en la Academia Militar Diplomática en 1974, sirvió como oficial del Servicio de Inteligencia Soviético (GRU), trabajando cuatro años en Ginebra bajo la tapadera de la diplomacia. Desertó en 1978 y se le otorgó el asilo diplomático en Inglaterra. Su libro “El Rompehielos” que escribió con la abundante información y documentos clasificado a los que tuvo acceso, fue publicado en ruso (en Francia) en 1988. Luego se editó en muchos otros idiomas. Como era previsible, causó mucha sensación en la comunidad de la inteligencia militar aliada, especialmente en Europa ya que documenta con extremo cuidado la naturaleza ofensiva soviética cerca de la frontera alemana en 1941

Suvorov hace hincapié en la importancia central del estratega y planificador de Stalin, Boris Shaposhnikov, Mariscal y Jefe del Estado Mayor. Su obra más importante fue “Mozg Armii” (El Cerebro del Ejército), y que durante décadas fue obligatoria su lectura para cada oficial del ejército soviético. No solo Stalin le respetaba su alto nivel militar sino que, curiosamente, le apreciaba como persona, algo inédito en el sátrapa soviético. Fue el único hombre al que Stalin se dirigía públicamente siempre con su nombre de pila (Boris Mikhailovich). Stalin se dirigía a todos los demás por su apellido familiar, por ejemplo “Camarada Zinoviev”. La admiración de Stalin era conocida por el hecho de que siempre guardaba una copia del libro de Shaposhnikov, en su mesa de despacho.

El plan de movilización de Shaposhnikov, llevado a cabo por Stalin mostraba un claro y lógico programa a dos años vista (Agosto de 1939 a verano de 1941), y que debería inexorablemente y con ese propósito, culminar en una guerra. Según Suvorov, Stalin anunció su decisión de llevar a cabo el plan al Politburó en una reunión del 19 de Agosto de 1939, cuatro días antes de la firma del pacto de no agresión germano-soviético. Como añadido, en esa misma reunión con el Politburó que se hizo poco después de que Stalin llevase a cabo sus purgas terribles de políticos y militares “poco fiables”, ordenó al general Zhukov el atacar y derrotar en un ataque relámpago, al 6º Ejército japonés en Khalkhin-Gol, en Mongolia. Trece días después del discurso de Stalin, las tropas alemanas entraron en Polonia y dos días después de ello, 3 de Septiembre, Inglaterra y Francia le declararon la guerra únicamente a Alemania.

Una vez Stalin se decidió por embarcarse en ese enorme proceso de movilización, el régimen comunista reestructuró la economía nacional, dirigiendo todo el enorme potencial humano y físico de la URSS para la guerra. Esta acción de Stalin solo nos puede llevar a una conclusión lógica: la movilización de la URSS en 1939 quería decir guerra. Tengamos en cuenta que en 1938, más de un millón y medio de hombres servían en el Ejército Rojo o el 1% de toda la población. Eso podemos considerarlo como el ratio de hombres en una economía normal, pero como parte de ese programa a dos años de Stalin-Shaposhnikov, se cuadruplicó a más de cinco millones de soldados.

En ese periodo (Agosto de 1939 a Junio de 1941), Stalin puso en marcha 125 nuevas divisiones de infantería, 30 divisiones motorizadas, 61 divisiones de tanques y 79 divisiones de aviación, lo que nos lleva a un total de 295 divisiones disponibles, organizadas en 16 Ejércitos completos. El plan mencionado también movilizó a seis millones de hombres adicionales en el verano de 1941, para que fuesen distribuidos en las divisiones de infantería, tanques y aviación. Entre Julio de 1939 y Junio de 1941, Stalin incrementó en número de divisiones blindadas de 0 a 61, con varias docenas más en preparación. En Junio de ese mismo año, la “neutral” URSS, había preparado más divisiones blindadas que la suma de las de todo el resto del mundo. Esa fuerza tan poderosa sólo podía ser usada para operaciones ofensivas. Esas operaciones ofensivas solo hubiesen sido la culminación del plan a dos años y hubiesen sido lanzadas contra Alemania y la conquista de Europa occidental.

En Junio de 1941, Hitler puso en la batalla diez cuerpos motorizados y cada cual, por promedio, disponía de 340 tanques ligeros y medios. En su contra, Stalin tenía 29 cuerpos motorizados y cada cual, por promedio disponía de 1.031 tanques ligeros, medios y pesados. Mientras que es verdad que no todos esos cuerpos motorizados soviéticos estaba a su capacidad máxima, un solo cuerpo mecanizados ruso era militarmente más potente que dos cuerpos mecanizados alemanes. Cuando Hitler entró en Polonia en Septiembre de 1939, Alemania sólo disponía de 6 divisiones blindadas. Si esa fuerza acorazada tan escasa la quieren ver como la prueba definitiva de la intención de Hitler de conquistar el mundo (o al menos Europa), la pregunta es ¿qué podemos pensar de la preparación por parte de Stalin de 61 divisiones de tanques entre 1939 y 1941, y muchas más en preparación?

A mediados de 1941, el Ejército Rojo era la única fuerza militar en el mundo con tanques anfibios. Stalin disponía de 4.000 de esos ingenios para su guerra ofensiva. Alemania ninguno. En Junio de 1941, los soviéticos habían incrementado sus cuerpos de paracaidistas de 0 a 5 (y esta es una fuerza de ataque, no de defensa) con más de un millón de hombres, y sus regimientos de artillería de campaña de 144 a 341, en ambos casos más que todos los países del mundo juntos.

Al inicio de la guerra en Septiembre de 1939, Alemania disponía de 57 submarinos, un hecho que se cita muchas veces como prueba de las intenciones agresivas de Hitler. Pero se olvida recurrentemente que la URSS disponía de 165 submarinos en ese momento. Esos submarinos, nos dice Suvorov, no eran navíos inferiores, sino de una calidad similar. En Junio de 1941, la marina soviética tenía más de 220 submarinos en servicio y otros 91 en construcción. Stalin mandaba la flota de submarinos más grande del mundo, una fuerza que fue creada para una guerra agresiva.

Cuando Hitler entró en Polonia nadie en Alemania o en la Europa occidental pensó que aquello era el inicio de una “guerra mundial”. Incluso la declaración de guerra de UK y Francia contra Alemania dos días después, 3 de Septiembre de 1939, no lo convirtió en una “guerra mundial”. Solo fue mucho más tarde, que la campaña alemana contra Polonia fue vista como el inicio de la II Guerra Mundial. Sin embargo, en Moscú se entendió perfectamente que sí era el inicio de una guerra mundial. Historiadores como A.J.P. Taylor, David Hoggan y el mismo Suvorov, señalan que Hitler no quería ni planificó un conflicto que abarcase  toda Europa en 1939. Fue la declaración de guerra de UK y Francia contra Alemania la que ayudó a transformar un conflicto local entre Alemania y Polonia, en una guerra Europea.

Consecuentemente, Hitler no autorizó la conversión de su economía nacional en una economía de guerra. El jefe de la inteligencia soviética informó con precisión a Stalin de que la industria alemana no estaba preparada para una guerra a gran escala. De hecho, Alemania no puso su economía para la guerra hasta principios de 1942, dos años después de la URSS. Y mientras la producción de armas en la URSS llegó a su pico en el verano de 1941, Alemania no lo alcanzó hasta 1944, tres años después.

El amigo Suvorov presenta pruebas abrumadoras que demuestran cómo Stalin preparó un ataque masivo contra Alemania para el verano de 1941. El autor indica que la fecha elegida era el 6 de Julio de 1941. Por ello, la URSS había desplegado esa fuerza inmensa en la frontera alemana, además de aeródromos, paracaidistas, millones de armas  y munición escondidas y preparadas, gasolina y otros suministros necesarios. En Abril de 1941, el Ejército Rojo ordenó un despliegue masivo de artillería y munición para ser usada antes del Otoño, cuando las lluvias comenzasen el país. El almacenar todo eso a principios de 1941, quería decir que el ataque se iba producir ese mismo año. Otro escenario atentaría al sentido común.

Suvorov nos dice también a propósito de lo anterior que el transporte en 1941 hasta la frontera de millones de botas, munición, repuestos, millones de soldados, miles de tanques y aviones, no podía ser un error o un cálculo equivocado, sino el resultado de una política pensada y diseñada para un ataque de “liberación” de la Europa Central y Occidental. Un proceso así solo puede llamarse movilización. Una movilización secreta de la URSS que produjo la II Guerra Mundial. La decisión final para empezar la guerra la tomó Stalin el 19 de Agosto de 1939. El ataque soviético se diseñó en dos frentes: el primero hacia Oeste y Noroeste directo hacia Alemania y el segundo, igualmente poderoso hacia Suroeste contra Rumania para capturar rápidamente los pozos de petróleo. 

Se habían previsto 3 escalones estratégicas que llevarían a cabo el ataque. El primer escalón consistiría en 16 ejércitos y varias docenas de cuerpos y divisiones como soporte auxiliar y formado por hombres bien entrenados para aplastar las líneas alemanas y penetrar en territorio germano. El segundo escalón estratégico, consistiría en 7 ejércitos de tropas algo inferiores (incluyendo prisioneros del Gulag), que aseguraría y expandiría los avances del primer escalón. El tercer escalón, consistiría en 3 ejércitos, formados mayoritariamente por hombres del NKVD, que asegurarían la ocupación soviética. Aplastarían cualquier resistencia rodeando y asesinando a la élite política, civil y militar de Alemania, algo que ya se había hecho en las desdichadas Repúblicas Bálticas y en el Este de Polonia (como la masacre de Katyn). 

Como avión de su fuerza aérea, la URSS usaría el Su-2, un bombardero de ataque que se había producido y desplegado de forma masiva. Stalin ordenó la fabricación de 10.000 unidades más, y entrenar también a 150.000 pilotos. Con un peso de 4 toneladas, el Su-2 tenía una velocidad máxima de 486 km/h, un radio de acción de 1.200 km y una carga de bombas de 400 a 600 kg. Similar, pero superior al “Stuka” alemán. El Su-2 se parecía mucho al japonés Nakajima B-5N2, que fue el avión principal del ataque a Pearl Harbor.