lunes, 8 de diciembre de 2014

LA "ESCUELA DE FRANKFURT" 4/4 (Editado originalmente el 27/1/2011)


(Extracto, con actualizaciones, de mi libro “¡No le llame negro, llámele subsahariano! Guía para evitar lo políticamente correcto”)

Así como gran parte de los pensadores marxistas de la “Escuela de Frankfurt” regresaron a Alemania después de la guerra, Herbert Marcuse continuó en los Estados Unidos, siendo profesor en la Universidad de California en San Diego y durante diez años en la Universidad de Brandeis. Marcuse se dedicó plenamente a acabar el trabajo intelectual de Fromm, Horkheimer y Adorno y recuperó algunas de las ideas iniciales del instituto para su desarrollo durante los 50 y 60 en ese país, mezclando a Freud y Marx llegando al “Negativismo”. Por descontado que Marcuse se convirtió en el gurú de la nueva izquierda americana.

Marcuse llegó a desarrollar el sustituto de la “clase obrera” comunista, como agente desestabilizador y de la revolución. Dio respuesta a la búsqueda iniciada por Hockheimer a principio de los 30. Y la respuesta fue la búsqueda y el encuentro de los “grupos de víctimas” como los gays, negros, mujeres, discapacitados, etc., y que conforman la coalición básica de lo “Políticamente Correcto”. Como se ha dicho más arriba, el caballo de Troya para conseguirlo fue el hippy. Curiosamente, cuando terminó la II Guerra Mundial, algunos de estos pensadores trabajaron durante un tiempo para el gobierno, por ejemplo Herbert Marcuse, que se convirtió en una figura clave del OSS, la predecesora de la CIA, y otros como Horkheimer y Adorno se trasladaron temporalmente a Hollywood, para aplicar sus ideas en los grandes medios y cine comercial como se ha citado anteriormente.

Y la gran pregunta fue: ¿si lo obreros en Europa no se movilizaron en su momento por la causa, lo iban a hacer estos grupos sin más y separados en los Estados Unidos?. La “Escuela de Frankfurt” puso en marcha el mecanismo para que así fuese. Fue crítico que estas teorías y principios se inyectasen en el movimiento estudiantil de los años 60 en Estados Unidos. Marcuse vio para aplicar el trabajo de la ‘Escuela de Frankfurt’, la rebelión juvenil de los 60’s, como una gran oportunidad y desarrollar la teoría de la Nueva Izquierda en los Estados Unidos.

Marcuse recuperó y aplicó los principios de Fromm sobre la “Liberación Sexual”. Se convirtió en el conducto principal de estas ideas que se plasmaron en su libro de los años 50 titulado “Eros y Civilización”, donde proponía una nueva utopía basada en el psicoanálisis, y los trabajos de Norman O’Brown sobre “Vida sobre la Muerte”, que tuvieron un gran impacto en la llamada “Contra-Cultura Hippie” y donde se enfatizaba el elemento libertino en el sexo.  El libro de Marcuse no sólo condenaba cualquier restricción en el comportamiento sexual, sino que las personas eran neuróticas porque sus instintos sexuales estaban reprimidos. Por ello, sólo se podía vislumbrar un futuro si se podía destruir ese orden represivo existente, liberando la líbido y eros. El concepto creado por Marcuse fue: la “Perversidad Polimórfica”, donde se decía que cada cual podía hacer lo que quisiese y que, de paso, en el mundo desaparecería el trabajo y sólo habría ‘juego’. Era el mensaje esperado por los radicales mentalizados de los 60s.

La base de este concepto de Marcuse es que a cierto desarrollo prematuro de la psique humana, como la de un niño, ya hay potencialmente expresión sexual y placer sexual que todavía no ha sido organizado bajo una sexualidad heterosexual restrictiva (social). Estas expresiones primarias pueden ser revitalizadas, tienen la capacidad para ello. La “Perversidad Polimórfica” ayuda a abrir ciertas puertas “Políticamente Correctas” como la Liberación Gay. Sería la base de una sociedad feliz donde la “Perversidad Polimórfica” y el narcisismo liberarían un “eros” no procreativo y placentero. La sociedad encontraría la luz y una gran felicidad. Esa era la supuesta llave de la utopía que desarrolló y aplicó Marcuse en la sociedad americana y por decantación en el resto de la civilización occidental.

De hecho, estas ideas ideas ya habían sido trabajadas durante los años 30 por Horkheimer en las que éste decía en su ensayo “Egoísmo y el Movimiento de Emancipación” que no sólo pedía para el ‘ser humano una nueva dimensión del materialismo y que era la ‘felicidad sensual’, sino que “discutía la hostilidad hacia la gratificación personal inherente a la cultura burguesa y la visión favorable del Marqués de Sade, que protestaba contra el ascetismo en el nombre de una alta moralidad”. Marcuse fue más allá y las pudo llevar a la práctica en una sociedad mentalmente preparada para ellas.
Ya que el marxismo había demostrado su fracaso y la clase obrera no iba a ir a las barricadas, había que encontrar otra herramienta que tuviese fuerza revolucionaria. En base a la llamada represión sexual de los 60 ya comentada,  Marcuse dio a esa sociedad rebelde norteamericana una justificación intelectual para tener mucho sexo, con mucha gente y todo el tiempo. La frase “Haz el amor y no la guerra” es una creación de Herbert Marcuse.

Esa es la base de su libro citado “Eros y Civilización”. Marcuse también es conocido por denominar intolerancia a cualquier otro punto de vista que no fuese el suyo. Argumentaba que la sociedad americana era una decepción en todos los sentidos y por ello creo otro concepto que fue “Tolerancia Liberadora”. Y lo que quería decir con ello era intolerancia para las ideas y acciones de la derecha y tolerancia para cualquier idea que viniese de la izquierda, con lo que nos dio una receta infalible para la represión. Como ejemplo, incluso Martín Jay, crítico cultural, profesor de la Universidad de Berkeley y admirador de la “Escuela de Frankfurt” no tiene más remedio que admitir el aspecto intolerante de Marcuse y sus conceptos.

Marcuse y sus escritos y acciones fueron los principales agentes de transmisión de las ideas de la “Escuela de Frankfurt”, influenciando devastadoramente a millones de jóvenes y expandiendo sus ideas destructoras de la sociedad occidental por todo el mundo. Llegó a ser una celebridad en aquellos días con pancartas en las que se leía “Marx, Mao y Marcuse”. Sus ideas también fueron fundamentales para el desarrollo del llamado Mayo Francés del 68 y su famoso “Prohibido Prohibir”, un movimiento ideológico marxista, generado en la Universidad de París y que se levantó sobre dos supuestos básicos: el fin del principio de autoridad y la superación de la moral “represora” tradicional.

Acabando con estos dos principios se pretendía alcanzar la verdadera libertad y, como consecuencia, el inicio formal de la destrucción de los valores europeos, que siguen hasta hoy bajo otros ropajes más sutiles, pero igualmente implacables. Pero no nos engañemos, al igual que los hippie y estos estudiantes revolucionarios franceses estaban perfectamente dirigidos y con objetivos concretos. Lo dijo Frank Capell en un artículo publicado en “The Review of the News” de principios de los 70’s: “Por supuesto, sabemos que estos estudiantes radicales no se apoderarán del gobierno. Lo que harán es dar motivos para que el gobierno se apodere de la gente, a través de la aprobación de más y más leyes represivas para mantener las cosas bajo control”.

La “Escuela de Frankfurt” incluso ha integrado en lo “Políticamente Correcto” la causa actualmente más de moda: el medioambiente en su Marxismo cultural. Y todo ello a través del libro de Adorno y Horkheimer “Dialéctica de la Ilustración”. Ambos ya habían regresado a Alemania en 1949, para ayudar en el proceso de desnazificación y donde revitalizaron de nuevo el instituto y lo “verde” fue impulsado por los partidos de izquierda. En 1960 y con “Escuela de Frankfurt” en pleno funcionamiento en Alemania, Habermas se encontró en el centro de una polémica espistemológica que le opuso, especialmente, a Arnold Gehlen y a los discípulos alemanes de Karl Popper. Contra Gehlen, según el cual las instituciones son rigurosamente necesarias al hombre para construirse en su especificidad, sostiene el carácter necesariamente “represivo y alienante” de toda institución. Léase de la cultura occidental.

Desde esta perspectiva, el proletariado ya no constituye una clase privilegiada: está alienado por la creencia en que los problemas sociales serán solucionados por la superabundancia de bienes, al igual que los “patronos y los tecnócratas”. “Su voluntad revolucionaria –escribe Horkheimer– esta investida por una actividad que se compone de lo real”. Al mismo tiempo, la crítica social vuelve a ser lo que fue en la época de “las luces”: una teoría burguesa –como reconoce Habermas en “Teoría y Praxis”.

Otra obsesión filosófica sobre la que trabajaron Adorno y Horkheimer fue: ¿cómo definir un sistema que no pueda ser nunca cómplice del orden establecido?. Horkheimer y Adorno respondieron: haciendo su discurso tan “móvil” que se vuelva inasible. Es lo que llamaron “Pensamiento Negativo”. “Éste consiste –decía Adorno- en buscar en cada aspecto de las cosas lo que implica de límite y de negación de sí mismo. Este aspecto negativo es tan importante como el aspecto positivo: su comprensión restituye la posibilidad de una verdadera dialéctica”. A partir de este punto y como puede entenderse, todo es criticable y por último destruible. Una paradoja fue el asalto en los 60, durante las revueltas estudiantiles generalizadas, de un grupo de estudiantes contra el instituto en Alemania dirigido en aquel momento por Adorno y que éste no tuvo ningún reparo en recurrir a la policía, e hizo golpear y detener a los estudiantes sin contemplaciones.

Con Jürgen Habermas, el último heredero de la “Escuela de Frankfurt”,  que fue ayudante primero de Adorno y después de Hans Gadamer, el “Pensamiento Negativo” se mezcla con la hermenéutica deudora de Nietzsche y Heidegger, para cumplir el destino trágico de la razón en el siglo XX y dar origen a la teoría de la acción comunicativa centrada en tres áreas de desarrollo: la retórica, la dialéctica y la lógica, y una versión del derecho basada en la interpretación kantiana de la filosofía de Hegel. Sobre este último punto, Habermas reconoce “que le provoca miedo y le parece inalcanzable”. Este rasgo de racionalidad por parte de Habermas, en el que se puede apreciar que desaparecen la razón, su objeto y su sujeto, pone de manifiesto la crisis profunda de la filosofía contemporánea, que había sido llevada al extremo por la hermenéutica de la posmodernidad, y su amplia aceptación, algunos de los motivos principales de esa crisis.

Afirmaba Marx, en su “Tesis sobre Feuerbach”, que el análisis crítico debe ser seguido por una acción concreta de transformación. La “Escuela de Frankfurt” respondió que la teoría se “emancipa” de la práctica. Lógicos consigo mismos, sus representantes fueron siempre cautos ante todo tipo de acción, con gran descontento por una parte de la extrema izquierda, que les reprochó su “falta de compromiso” con el ideal.

Esta última característica basta para mostrar la fuerza y la debilidad de la “Escuela de Frankfurt”. Disolviendo todo pensamiento en la relación social, reduciendo toda sociología a una “ideología”, representa, con relación al marxismo ortodoxo, una crítica del mundo moderno mucho más eficiente. Pero por su terror a ser “recuperada” su hipercriticismo, su febrilidad mental, la escuela se condena a sí misma a la impotencia: sostener que todo poder corrompe, lleva a renunciar para siempre del ejercicio del poder. Desear el “movimiento perpetuo”, la crítica permanente, pero sin proponer nunca nada, es proponer automáticamente el propio fracaso.

Horkheimer que, al final de su vida, se liberó de sus obsesiones retornando a la fe judaica ortodoxa de sus padres, así lo reconoció implícitamente, observa Jean-Michel Palmier, al escribir que “la democracia no existe en ninguna parte” y que el progreso se había convertido en “la ideología de la reacción”. Para el pensamiento dialéctico, la misma dialéctica debe ser superada. Solamente entonces puede aspirarse al fin de las contradicciones. Pero si el mundo no es más que contradicciones ¿cómo un estado de cosas “justo” puede ser un estado de cosas real? He ahí el fondo del problema.

La “Teoría Crítica” ofreció uno de los ejemplos más acabados de una doctrina puramente centrada sobre lo negativo. Demuestra el poder esterilizante y, finalmente, el poder de la muerte, de un intelecto únicamente orientado hacia la crítica, y que, progresivamente, viene a renegar de todo y desea destruirlo todo. Fue el nihilismo absoluto, pero que tuvo y tiene todavía una vital presencia negativa en muchas acciones políticas y en nuestra forma de vivir. Por ejemplo, en la esencia de la acción comunicativa, resalta la importancia del diálogo como fin en sí mismo, prescindiendo de su utilidad para llegar  cualquier acuerdo. Se relaciona con Marcuse y su concepto de la “Tolerancia Liberadora” que, como ya se ha dicho, quiere decir tolerancia con las ideas propias e intolerancia absoluta con las ideas ajenas ¿Suena familiar en la España actual lo del talante y el diálogo? Sin lugar a dudas este es su origen, llevado a cabo ahora por los nuevos fanáticos.

Como último comentario sobre esta influenciadora y devastadora escuela en el mundo europeo y occidental es que nos estamos convirtiendo en estados ideológicos, países con una ideología estatal oficial, reforzada con el poder del gobierno y del estado. Por los llamados ‘crímenes de odio’ hay mucha gente en la cárcel, sentenciados por pensamientos políticos y los gobiernos están pensando en ampliarlos aún más… La ‘Acción Afirmativa’  es parte de ello.

El terror contra cualquiera que disiente de la ‘Corrección Política’ en los campus universitarios, en el trabajo, en cualquier lugar es parte de ello. Es exactamente lo que hemos podido ver en la Rusia Soviética, En la Alemania Oriental, China, Cuba, Rumania, Camboya, Vietnam, etc., y ahora viene hacia nosotros. Por ello, se trata de algo muy serio, planeado y diseñado para destruir todo aquello que definimos por nuestra libertad y nuestra cultura.

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