lunes, 8 de diciembre de 2014

"GENZAI BAKUDAN"-LA BOMBA ATÓMICA JAPONESA (Editado originalmente el 11/11/2011)


Cualquiera que analice detenidamente la trasferencia de tecnología entre Alemania y Japón durante la Segunda Guerra Mundial, se asombrará del nivel de ayuda que Alemania brindó a su socio japonés en ese periodo tan dramático. Hasta 1944, como indica el PhDr Joseph P. Farrell, Alemania había hecho llegar ya sea en planos, diseños de producción o bien el material acabado, los siguientes desarrollos:

Tecnología alemana para construir vainas metálicas de acero para proyectiles de artillería de gran alcance
Piezas de artillería
Cañones pesados anti-aéreos de 105 y 128mm
Cañones anti-tanque de 75 y 88mm
El sistema de radar Wurzburg
Cascos de submarino de 750 toneladas
Un tanque Tigre I
Un caza Focke-Wulf 190
El avión caza-tanques Henschel 129
Un bombardero pesado Heinkel He177
Un bombardero de largo alcance Messerschmitt 264 “Amerikabomber”
Un caza a reacción Messerschmitt 163 “Komet”
Una mira de precisión Lorenz 7H2
Radares B/3 y FUG 10 para aviones
25 libras de “fusibles para bombas”

De toda esta lista, lo que llama más la atención es la última referencia “fusibles para bombas” ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué tipo de bomba o bombas debían detonar esos fusibles?. Los japoneses tenían amplia experiencia en bombardeos aéreos y de artillería en China, Burma, Indochina y el Pacífico y sabían como detonar una bomba convencional. Esta última referencia indica que los japoneses solicitaban algo que iba más allá de sus capacidades industriales en aquel momento. Y ¿por qué solicitar bombarderos pesados tan cerca del final de la guerra? El Messerschmitt 264 o el Heinkel He 177, tenían largo alcance y podían llegar quizás a las costas americanas sin problemas. Y podían llevar cargas muy pesadas en su interior.

Todo esto encaja con un libro de Robert K. Wilcox titulado “Japan´s Secret War” en el que el autor nos dice que hacia el final de la guerra en 1945, la inteligencia militar norteamericana recibió un informe en el que se indicaba que antes de su rendición, los japoneses habían realizado una prueba atómica. La prueba se realizó cerca de Konan (nombre japonés de Hungnam), en Corea, en el norte de la península. La guerra terminó antes de que pudiesen utilizarla operativamente y la fábrica donde se construyó, estaba en ese momento en poder soviético. Este dato se sabe a través de un prisionero de guerra japonés que trabajo en las instalaciones donde se construyó el ingenio atómico. El nombre de la bomba era “Genzai Bakudan” (Gran Luchador) y fue detonada el 10 de Agosto de 1945, cuatro días después de Hiroshima, un día después de Nagasaki y cinco días antes de la rendición japonesa. Según el prisionero la bomba se hizo explotar sobre una flota de barcos viejos, juncos y barcos de pesca. Los científicos estaban a 25 kilómetros del lugar, observando el desarrollo de la prueba. La explosión vaporizó los pequeños barcos y demostró la potencia del ingenio. Pero era ya muy tarde para su uso militar.

Es curioso que mientras el emperador quería rendirse, su gabinete militar solicitaba continuar con la guerra. ¿Sería para ganar tiempo y usar a “Genzai Bakudan” para lograr una negociación ventajosa con rusos y americanos? Pero  surgen más preguntas: ¿de dónde consiguieron el uranio los japoneses? ¿fue una prueba sobre una flota, pensaban usarla sobre los barcos americanos?. El físico japonés involucrado en este proyecto fue Yoshio Nishina, colega de Niels Bohr. De hecho, Nishina envió a un grupo de investigación a Hiroshima para ver los efectos de la bomba aliada. La inteligencia militar americana situaba a los japoneses muy por detrás de los alemanes en investigación nuclear, llegando a decir que “Japón no tenía ni los conocimientos ni los recursos para construir una bomba atómica”. Es posible que le faltasen los recursos, pero tenía físicos y científicos que entendían perfectamente el funcionamiento de una bomba atómica.

De todas maneras, los informes de la inteligencia militar causaron una honda preocupación entre las fuerzas de ocupación americana y ello llevó a la creación de equipos de inteligencia que fueron buscando por todo Japón los ciclotrones necesarios para el material atómico y destruirlos. Se encontraron no menos de cinco y se hablaba de más. ¿Qué hacían con ellos los japoneses? ¿Utilizaban el sistema del Barón von Ardenenne de separación por el método de la masa espectrográfica y enriquecimiento de uranio 235?

Otra forma de ver si todo esto fue verdad, es analizar dónde se fabricó la bomba: en las instalaciones en Konan, Corea, que eran de un tamaño considerable. Jun Noguchi fue el industrial japonés que edificó la planta de Konan, que se situaba en la confluencia de tres ríos: Yalu, Chosin y Fusen. Los dos últimos ríos fueron concentrados en una gran presa para suministrar el caudal de energía que requería la planta atómica. Los tres ríos llegaron a producir más de un millón de kilowatios a la planta. Era una cantidad desorbitada de energía para la época. Todo Japón no producía más de tres millones… En Konan había algo serio. Por ello, la planta de Konan cubría dos necesidades básica de cualquier planta que trabaje con energía nuclear: una gran potencia eléctrica y un suministro abundante de agua. También era una zona relativamente discreta para trabajar tranquilamente en un proyecto secreto como ese.

Otro punto importante es que la planta de Konan estaba situada muy cerca de depósitos naturales de uranio, por lo que parecía el sitio lógico para su ubicación. Alemania ayudó con su conocimiento de la física atómica en el desarrollo japonés ofreciendo sus conocimientos y material para trabajar con el uranio. Como por ejemplo un material desarrollado por los científicos alemanes, que era una aleación llamada Bondur y que resistía los efectos corrosivos del gas de uranio. Alemania no sólo estaba muy adelantada en este apartado, sino que utilizó sus bombas. Pero eso será otro capítulo…

A cuento con todo esto, recuerdo que Edgard Mayer y Thomas Mehner en su libro “Das Geheimnis der Deutschen Atombombe” sostienen que Oppenheimer, el director del Proyecto Manhattan americano, dijo que “La bomba que se lanzó sobre Japón era de origen alemán”.

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