jueves, 22 de enero de 2015

LA MASACRE DE SOLDADOS ALEMANES EN SALINA-UTAH, USA (Editado originalmente el 12/4/2012)


Hay historias poco conocidas pero ciertas, que muestran a unos aliados alejados de su supuesta altura moral y razón frente a los soldados alemanes prisioneros, la quintaesencia del mal a ojos del buenismo oficial. En USA hubo varios campos de concentración de prisioneros de guerra del eje. Concretamente en el estado de Utah hubo un total de 7.000 italianos y 8.000 alemanes desde 1944 hasta finales de 1945. Los alemanes, muchos de ellos veteranos del Afrika Korps de Rommel, fueron internados en una docena de campos, muchos de ellos en la esquina noroeste del estado.
 
Utah también fue el lugar de una masacre de prisioneros.
 
En Julio de 1945, 250 prisioneros de guerra alemanes estaban en Salina para ayudar en los trabajos de la cosecha. Estaban alojados en tiendas de suelo de madera y vigilados desde tres torres de observación armadas. Más allá del nazi ocasional que grababa cruces gamadas en los melocotones, los alemanes eran mayoritariamente bien recibidos y tratados. Por ejemplo, la hija de tres años de un granjero en una ocasión caminaba entre los laboriosos alemanes. El granjero se dio cuenta de que había sido encontrada por un prisionero y que la tenía con él. Alarmado, preguntó por la niña. El alemán al principio rehusaba dejar a la niña. Luego el granjero vio que el hombre tenía lágrimas en los ojos y se dio cuenta de que “él también tenía una hija en su casa y pensaba que no la vería nunca más”
 
El 7 de Julio, tras un día de trabajo en los campos de remolachas, los alemanes regresaron a su campamento para cenar. Tras la cena, fueron a sus tiendas a dormir. A medianoche la guardia cambió. El soldado Clarence V. Bertucci subió a la torre de vigilancia más cercana a la oficina del comandante del campo. Bertucci, natural de Nueva Orleans, tenía un historial de infracciones menores en la disciplina militar, pero nada serio.
 
Bertucci esperó unos minutos hasta que los vigilantes del turno anterior ya se hubiesen ido a sus camas. Luego abrió una caja de municiones que contenía un peine de 250 balas, ajustó el peine en la ametralladora de la torre de vigilancia y descargó el arma sobre las tiendas de los dormidos prisioneros. Tras treinta segundos después de apretar el gatillo, el peine de balas estaba vacío.
 
El tableteo de la ametralladora hizo saltar de la cama al joven teniente al mando. Salió corriendo al exterior, tratando de entender qué sucedía entre los gritos que oía. Gritos y lamentos se oían claramente entre la noche mientras la ametralladora callaba. Miró a lo alto de la torre de vigilancia, y vio el humo que salía del cañón del arma. Miró con horror al desbarajuste de tiendas de los prisioneros alemanes. Gritó al guardia para que parase el fuego, demasiado tarde y que bajase al instante “¡Deme más munición!” gritó Bertucci desde la torre “¡Aún no he terminado!”
 
Nueve prisioneros fueron asesinados. Los heridos fueron llevados al hospital de Salina, donde recuerdan que la sangre rebosaba a borbotones por la puerta principal. Un prisionero, prácticamente partido en dos, sobrevivió seis horas. Bertucci se marchó silenciosamente con un soldado que había recibido la orden de detenerle. 
 
Preguntado por qué había disparad a los prisioneros, dijo que odiaba a los nazis. No mostró remordimiento en el último interrogatorio. El ejército le declaró enfermo y le encerró en una manicomio. Criminal desde cualquier circunstancia, estas muertes fueron especialmente un sinsentido. Los alemanes se habían rendido dos meses antes. Los alemanes que recogían remolachas en Salina, eran los hijos de una nación derrotada bajo custodia del Ejército de los Estados Unidos y en espera de ser embarcados de nuevo a Alemania.
 
Los periódicos locales no profundizaron en la tragedia. El espacio de la noticias era ocupado con historias recientes de las atrocidades nazis que acababan de aparecer. Las noticias de estos asesinatos en Salina nunca se hicieron públicas en Alemania en ese momento, donde la gente todavía estaba entre las ruinas de sus casas.  Las familias no fueron informadas hasta 1948 de lo  que había pasado en Salina.
 
Dos de los heridos volvieron a Utah en 1988 para estar presentes en el Memorial Alemán de Guerra.  Fue el 13 de Noviembre, el segundo Domingo del mes, cuando los alemanes conmemoran el “Volkstrauertag”, su día nacional de luto. El monumento de piedra recuerda a los prisioneros de guerra alemanes que murieron en Utah.

1 comentario:

  1. Muchos fueron los alemanes/nas asesinadas por Rusos, Norteamericanos e Ingleses pero como la historia la escriben los vencedores esto sale a la luz muy poco, la misma suerte corrieron las tropas Japonesas, asesinados inclusive en el mar despues del hundimiento de sus barcos, pienso esto sin querer justificar los crímenes de los compatriotas de estas víctimas, pero por rigor histórico debe comentarse y condenarse moralmente

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