martes, 31 de marzo de 2015

VERDADES DOGMÁTICAS DE LA II GUERRA MUNDIAL


Me ha llamado la atención las declaraciones/acciones/patinazos del senador por Arkansas de los USA, Tom Cotton que acaban de catapultarle a la fama contra el sistema y de ser un nazi. Lo primero que hizo este buen hombre ha sido enviar una carta de paz al gobierno iraní, saltándose al cuerpo diplomático de su país y saboteando los intentos de montar la guerra por parte de Barack Hussein Obama. Su segundo éxito ha sido nombrar a Hitler a menos de un minuto de iniciar su primer discurso en el Senado USA. Este senador no tuvo en cuenta la llamada “ley de Godwin”, según la cual cualquiera que mencione el primero a Hitler pierde el debate. Quien juega la “carta Hitler” es ampliamente vilipendiado. Y gente como Cotton no pueden resistir la tentación y caen en el pecado.


 
La demonización de Hitler y de cualquiera que quiera demonizar comparando a otros con Hitler es tan popular y usada en exceso, que para mi es un cliché absolutamente trasnochado. En nuestra cultura occidental, Hitler es el malvado favorito. Y mientras tanto ha habido una transformación de Hitler de una figura histórica a un modelo de maldad máxima, basada parcialmente en el hecho de que estamos ante un proceso mitológico. Los estudiosos que analizan la creación de mitos, leyendas y cuentos populares pueden ver claramente las distorsiones de los medios sobre la II Guerra Mundial, la “Guerra Buena”, encerrada en la imaginación colectiva como una lucha entre la “bondad pura” y la “maldad absoluta”. No hay matices.
 
Hoy, mientras el mencionado senador Cotton y sus colegas neoconservadores apoyan y  nos llevan a la III Guerra Mundial, parece incrementarse cada vez más que la mitología sobre la II Guerra Mundial, nos llevará a una guerra mucho más destructiva de la que haya experimentado la humanidad jamás. Por ello, cualquiera que apoye la paz debería trabajar para romper la mitología creada sobre la II Guerra Mundial. La llamada “Guerra Buena” no fue una batalla metafísica entre el “bien y el mal”. Por ejemplo, los británicos dirigían el imperio más potente de la primera parte del siglo XX y prepararon la I Guerra Mundial en un esfuerzo por detener la subida del segundo gran imperio, Alemania.
 
Lo he dicho en varias ocasiones, la II Guerra Mundial fue en realidad el trabajo inacabado del la I Guerra Mundial, casi una guerra civil europea. De hecho, hubo una sola guerra mundial dividida en dos fases distintas 1914 a 1918 y de 1939 a 1945, y los ingleses y no los alemanes fueron los principales instigadores. Otros imperios, incluyendo líderes de los USA, URSS, Austria-Hungría, Italia, Japón y China, jugaron su bazas de poder. No habían “buenos”, excepto pacifistas como Eugene Debs, que fue sentenciado a 10 años de prisión por oponerse a que los USA se involucrasen en la I Guerra Mundial. O como Robert Maynard Hutchins y Charles Lindberg, que de forma valiente se mantuvieron contra las mentiras traidoras que llevaron a los USA a la II Guerra Mundial. A los alumnos occidentales se les dice que la II Guerra Mundial fue el ejemplo supremo de una guerra justa y necesaria. Sin embargo el libro de Pat Buchanan “Churchill, Hitler y la guerra innecesaria”, ofrece pruebas sólidas que desmontan esa patraña oficial.
 
Líderes encumbrados como héroes por los mitómanos de occidente, como Churchill y Roosevelt, fueron cualquier cosa menos héroes. Se habla de los asesinatos de Hitler hasta la saciedad, pero no de los de Churchill, Roosevelt y Stalin. Solo los de Stalin empequeñecen a los de Hitler. Churchill y Roosevelt fueron responsables de bombardear y quemar ciudades alemanas y japonesas, asando a sus poblaciones civiles. El video del piloto jordano quemado en una jaula por el EI, se ha presentado al mundo como una prueba de la maldad terrorista, nos da una clave de lo que se hizo a más de un millón de inocentes en ciudades como Hamburgo, Dresde y Tokio. Imaginemos a más de un millón de personas sufriendo el destino de ese piloto del video del EI. Quienes hemos leído sobre la guerra lo suficiente, sabemos que la campaña aérea anglo-americana fue para asesinar masivamente a civiles ya que no tenía un objetivo militar. Fue puro sadismo.
 
Incluso peor fueron las violaciones y masacres americanas, inglesas y soviéticas de alemanes tras la guerra. El libro “Hellstorm” de Tom Goodrich, ofrece una descarnada y terrible visión del holocausto que los ocupantes perpetraron contra la rendida e indefensa población alemana. Millones de mujeres alemanas fueron violadas y no sólo por los rusos en el frente del este, sino también por los americanos en el frente occidental. Siempre he creído que la política de-facto” de los USA de las violaciones masivas de mujeres de las poblaciones derrotadas e indefensas, es probablemente la gran razón por la que muchos veteranos americanos de la II Guerra Mundial mantienen un vergonzoso silencio cuando sus familiares les preguntan por sus experiencias en la guerra. Ese es un fenómeno muy bien sabido por todos los americanos que han tenido padres, tíos o abuelos que lucharon en esa guerra.
 
Cuando oímos la frase “Los Campos de la Muerte de la II Guerra Mundial”, la gran mayoría piensa en Hitler. Pero ¿qué hay de los campos del general Eisenhower? El general USA, que luego fue presidente, masacró a más de un millón de prisioneros de guerra manteniéndolos en enormes campos al aire libre con alambradas, sin darles comida, bebida o cobijo y permitiendo que muriesen por estar a la intemperie o por hambre. Por contraste, el trato de Hitler a los prisioneros de guerra americanos o británicos fue escrupuloso y humano. Y no lo digo yo, eso está descrito en numerosos libros incluso de los aliados. La limpieza étnica del Reich fue llevada a cabo con brutalidad similar. Millones de civiles alemanes fueron asesinados, forzados a salir de sus hogares y llevados a una muerte inevitable por hambre, falta de cobijo o combustible.
 
En total, unas 70 millones de personas murieron en la II Guerra Mundial, la gran mayoría civiles. Virtualmente los 50 millones de personas masacradas durante la “Guerra Buena” lo fueron porque sencillamente pertenecían a una etnia particular. Los alemanes fueron asados vivos en Dresde o Hamburgo porque eran alemanes. Los japoneses fueron incinerados por las bombas atómicas porque eran japoneses. Toda la guerra, no sólo el llamado “holocausto judío”, fue un holocausto, un episodio de etnocidio en masa.
 
Todas estas descripciones no pueden hacer justicia a la brutalidad y maldad de la II Guerra Mundial. Sin embargo los americanos, occidentales e incluso los rusos, todos recuerdan la II Guerra Mundial como algo heroico en su historia particular. Los líderes occidentales utilizan lo mitos de esa guerra, hinchados por la gran pantalla de Hollywood, como una justificación para llevar a cabo políticas mortales de agresión. A sus ojos, cualquiera que se cruce en su camino es “otro Hitler”.
 
Desde la II Guerra Mundial, los USA han matado unos 60 millones de gente inocente en todo el mundo y arruinado la vida de cientos de millones más en “intervenciones” de la CIA y del ejército. Esta cifra no la digo yo, viene del libro “On Western Terrorism” de Comsky y Vitchek. Recomiendo también ver el libro de William Blum “Killing Hope” sobre estas cifras y masacres. Estos crímenes del llamado “Holocausto Americano pos-Guerra Mundial”, como el holocausto de los esclavos africanos o el holocausto de los nativos americanos, empequeñece el llamado holocausto alemán contra judíos, gitanos o comunistas.
 
Nosotros los occidentales tenemos la libertad de subestimar el número de víctimas de nuestros propios holocaustos. Pero cualquiera que argumente que bastantes menos de 6 millones de judíos fueron asesinados por los alemanes corre el riesgo de prisión. ¿Es la “negación del holocausto” ilegal porque los argumentos revisionistas no pueden ser presentados usando la lógica y las pruebas? O ¿son estas leyes y persecuciones simplemente el síntoma neurótico de un Occidente que ha demonizado a los alemanes para poder ocultar sus propios crímenes y olvidar su culpabilidad? La cuestión está abierta.
 
Sean cuales sean los méritos o no del revisionismo sobre el holocausto, está muy claro que necesitamos algo mucho mayor, a gran escala. Necesitamos un gran revisionismo de la II Guerra Mundial para barrer definitivamente toda esa auto-felicitación y mitos escritos por los vencedores y ver la horrible verdad. Si estamos cegados por el mito, no podemos conocer la historia. Y como Santayana sugería “esos que no conocen la historia, están condenados a repetirla”.

2 comentarios:

  1. Casi 200 millones de muertos entre el imperio anglosionista y el judio-bolchevique...sin comentarios,es increible que la gente todavía no sepa y valore esto.

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  2. Casi 200 millones de muertos entre el imperio anglosionista y el judio-bolchevique...sin comentarios,es increible que la gente todavía no sepa y valore esto.

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