viernes, 15 de diciembre de 2017

SIGMUND SCHLOMO FREUD


Hace tiempo que Freud está apartado de los estudios serios y rigurosos sobre psicología y psicoanálisis en las universidades de verdad y en gabinetes de sociólogos y psicólogos. Pasa algo similar con Franz Boas y su Escuela de Antropología, en la cual se dedicó a hacer coincidir sus ideas disparatadas con supuestos estudios sesudos y fiables sobre el comportamiento humano. Él y sus sicarios como Margaret Mead que hizo estudios falsos sobre las costumbres sexuales en la Polinesia, adaptándolos a lo que quería su jefe y ella misma, llevaron la antropología por el camino del marxismo cultural. Hoy se sabe que todo fue un camelo para crear y hacer la ingeniería social que estamos sufriendo y que conectaba con la Escuela de Frankfurt y sus dementes integrantes.

Pero vayamos al tema que nos ocupa y es Sigmund Schlomo Freud. Como habréis adivinado, hablo del psicólogo y psicoanalista judío, nacido en Austria (bueno en la República Checa), que se supone que revolucionó los estudios sobre los seres humanos, sus fobias, filias, etc., acabando todo en un pene en el cerebro. Ha aparecido un libro que vale la pena leer. Se trata de: “Freud: The Making of An Illusion” (Freud: la construcción de una ilusión), de Frederick Crews. Sólo la portada, que incluyo arriba, ya nos da una idea del alcance de la obra con esa A añadida sobre la E. Es decir “Fraud” (Fraude). Todo aquel que quiera ver cómo se desmantela de forma metódica la reputación de un caradura, este es su libro.

No está escrito por un científico o un psicólogo, sino por un eminente profesor emérito americano. En sus 650 páginas, construye un retrato de Freud como el más vil, sin beneficio médico, misógino, snob, petulante, celoso, loco y el baboso más obsesionado con el sexo que uno pueda imaginar y no desde el sofá del psicólogo. Un hombre cuyo “tratamiento” no se lo desearías ni a tu peor enemigo. Habla de un testigo de la época que decía “¡Encierra a tus hijas!” quería gritar cuando otra inocente joven vienesa con un resfriado o un dolor en la pierna era enviada a Freud para un tratamiento (que costaba 250€ por hora al cambio de hoy) y volvía pocos meses después totalmente traumatizada y mucho más enferma de lo que estaba al principio.

A pesar de ser doctor, no tenía el sentido hipocrático de que cada ser humano se merece un tratamiento respetuoso. En una ocasión dijo en una carta “He encontrado poco “bueno” en el ser humano... Según mi experiencia, la gran mayoría son basura”. La acusación de que Freud “arreglaba el historial” de sus pacientes para ajustarlos con su teoría, es demostrado por el autor que explica cada detalle de lo que hacía y escribía Freud para probar su teoría de que Freud era un monstruo incompetente. Y todo lo que explica Crews es convincente.

Parece que su podredumbre empieza en su niñez, cuando la familia se traslado a un barrio judío de bajo nivel en Viena, instilándose en él una determinación implacable de distanciarse de sus orígenes y una sed inacabable de riqueza y fama. Crews deduce que mientras sus padres estaban fuera y él estaba al cargo de sus hermanos más pequeños, el joven Freud abusó de su hermana más pequeña. Estaba enamorado de su madre, algo que admitió más tarde a su amigo Wilhelm Fliess “He encontrado, en mi caso, el fenómeno de estar enamorado de mi madre y celoso de mi padre y ahora lo considero como un suceso universal en la más temprana infancia”.

Sus amigos, bueno ex-amigos, lo maldijeron diciendo que Freud era el “lector de pensamientos donde se limitaba a leer los suyos propios aplicados a otras personas”. Usuario de buen principio y promotor de la cocaína como droga médica, Freud fue durante toda su vida un adicto y eso Crews cree que le distorsionó su capacidad para poder pensar de forma correcta y lógica. A Freud le gustaba diagnosticar a sus pacientes con cualquier “padecimiento” que les preocupase. Por ello cuando una joven, Emma Eckstein, acudió a verle con una pierna dolorida y dolores de regla, forzó su historia alineada con su teoría que “un incidente erótico malinterpretado, habiéndole sucedido a una virgen antes del inicio de la conciencia sexual, que se suprimió y por lo tanto se convirtió en una causa de histeria, pero sólo cuando un segundo incidente de ese tipo despertó de nuevo la  memoria y lo convirtió en algo horrible”. Si un paciente no venía con un bonito incidente erótico pre-pubertad, él o ella estaba siendo “resistente”. 

Tras muchas horas de prueba, Freud trató de que Emma admitiese que una vez un tendero había tratado de tocarle los genitales cuando era una niña. Al mismo tiempo, Freud estaba enganchado a la teoría de que la nariz era el “centro de control de otros órganos y sus enfermedades”. Diagnosticó a Emma con un doble síndrome “Histérico-Neurasténico”, es decir la parte neurótica que traía la masturbación. ¿Y el tratamiento propuesto? El amputar el hueso de la nariz de la pobre chica. Emma atuvo una hemorragia. Un mes después seguía sangrando profusamente. Freud dijo que la hemorragia venía de “un anhelo sexual, expresando ese deseo a través de chorros de sangre”.
 
Freud llevaba acabo “tratamiento de presión” en la cara y cuerpos de las mujeres en su oscuro consultorio, diciéndoles que se sacasen la ropa y luego explorando sus cuerpos, buscando sus “zonas histeriogénicas” mientras las forzaba a explicarle los detalles de su historial sexual... Mientras lees el libro de Crews, se va viendo más claro de que el verdadero problema estaba en la mente de Freud, al cual el escritor denomina “su casa de los horrores interior”. No sólo pensaba que todos los chicos estaban enamorados de sus madres y querían matar a sus padres de acuerdo a su propio complejo de Edipo, sino que también tenían una extraña teoría de que las mujeres, todas las mujeres, eran criaturas siniestras cuya vagina trataba de castrar a cualquier hombre que cruzase su límite.
 
Divinizó que la ambición secreta de cada mujer era el tener el “pene envidiado” cortándolo. En su mente, Crews nos dice que: “Se conjuntaban ideas ilógicas, extrañas y estrafalarias con misoginia, lascivia y crueldad”. Lo que tenía Freud era un don por una cautivadora forma de escribir, usando muchas referencias literarias para aumentar su prosa. Sus registros escritos de lo que él llamaba “casos resueltos”, fueron populares ya que eran una mezcla de historias de detectives (Freud se veía a sí mismo como “el Sherlock Holmes del inconsciente) y porno blando. Por ejemplo escribió en sobre uno de esos supuestos casos resueltos “Dime una cosa ¿que parte de su cuerpo fue la que tú notabas esa noche?”.
 
Sus discípulos estaban excitados, y trabajaban sobre esos registros de tensión emocionante entre el analista sabio y su paciente resistente.  Nos dice Crews que esos casos “no pertenecían al género de informes clínicos, sino a una ficción detectivesca”. Un genio de la auto-promoción, que había sobornado para conseguir ser profesor en la Universidad de Viena, se pegó como un parásito a las teorías de otros colegas y que luego condenó a esos sobre cuyas teorías él se había inspirado y aupado.
 
La pobre mujer de Freud, Martha Bernays, era joven, dulce, juguetona, ardiente cuya personalidad Freud fue apagando lentamente. En su “Die Brautbriefe”, las pensadas y auto-obsesivas cartas que él escribió a Martha durante sus 4 años de largo noviazgo y cuando Freud buscaba desesperadamente el éxito, hay frecuentes signos de lo que nosotros llamaríamos control coercitivo. La separó de su familia y amigos y le hizo renunciar a su fe ortodoxa judía. “Si recientemente me convierto en inaguantable” le escribió a Martha amenazadoramente “pregúntate a ti misma quién me ha hecho así”.
 
Tras dar a luz a seis hijos, Martha perdió su figura juvenil y Freud la veía como una mujer usada que pertenecía a la guardería. Su vida sexual cesó y Freud tenía un affaire clandestino con su hermana Mina, que vino a vivir con ellos cuando enviudó. Que feo parece que muchos de los grandes médicos que trabajaron junto a Freud sean completamente olvidados, mientras Freud es un nombre familiar. 

Este libro devastador puede ser el detonante del largo y esperado proceso para derribar a Freud de su peana injustamente otorgada.

4 comentarios:

  1. Es tan asi? porque por ejemplo Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, se hizo un espacio en la historia de las relaciones internacionales al trabajar como propagandista de guerra para EEUU en la II Guerra Mundial. Sin embargo su verdadero éxito fue aplicar las teorías de su tío sobre las fuerzas irracionales que gobiernan nuestras decisiones, no para curar alteraciones psíquicas, sino para seducir al consumidor a que compre ciertos productos.

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  2. Hola Humberto, gracias por su aportación. Aunque el artículo se refiere al libro de Crews, hay otros artículos en este blog sobre Freud y la estafa que siempre fue.
    Edward Bernays fue otro sinvergüenza del mismo origen que Freud y que aplicó la mentira sistematizada a las RR.PP. y la Propaganda, siendo más tarde aplicado todo en el Marketing y la Publicidad empresarial. Así estamos.
    Un saludo, Felipe Botaya

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  3. Un artículo que empieza diciendo que la escuela de Frankfurt se componía de "dementes integrantes" ya dice todo sobre el que lo escribe. Ya pasamos por ello una vez, por favor...

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  4. Excelente Felipe. Freud fue un ser repugnante en todo sentido y un pervertido sexual ademas de drogadicto. El endiosamiento de este aborto de la Naturaleza fue uno de los triunfos mas importantes de la escuela de Frankfurt. Entre los años 50 y 80 (especialmente en los 70) el alcanzo el zenith de la fama, luego fueron apareciendo grietas en la estatua hasta llegar a este excelente libro. El fluir de la Historia, implacable no hace mas que destruir a estos ídolos de pies de barro

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