domingo, 4 de octubre de 2015

SIMON WIESENTHAL


Para millones de personas en todo el mundo, Simon Wiesenthal (1908-2005), es visto como un héroe. Se dice que llevó ante la justicia a más de 1.100 criminales de guerra. Este auténtico cazador de nazis y superviviente del Holocausto es, prácticamente, un santo. Un hombre que hizo más que cualquier gobierno para encerrar a los perpetradores de uno de los mayores crímenes del que el mundo ha sido testigo. Nominado para el Premio Nobel de la Paz, el receptor de Título de Caballero y más de 50 otros grandes premios y reconocimientos, es recordado por su papel en la búsqueda y hallazgo del denominado arquitecto del Holocausto, Adolf Eichmann

Tras su muerte en 2005 a los 96 años, los elogios desde todo el mundo no han dejado de sucederse. Fue alabado como “el representante permanente de las víctimas”, un hombre que no sólo buscó justicia, sino que se enorgullecía de no olvidar jamás a sus seis millones de “clientes”, como él llamaba a esos que murieron en el Holocausto. Los que lean sus memorias solo pueden maravillarse de su heroísmo durante la guerra y sus increíbles fugas de la muerte en las narices de los nazis. Parece que la misión de Wiesenthal fuese guiada de forma divina, donde los dioses le mantenían vivo para otro alto propósito en la vida.
 
Los relatos sobre sus cacerías de fugitivos nazis no fueron menos sensacionales, como Wiesenthal contó de qué forma se involucró en la batalla de ingenio contra la siniestra red de posguerra nazi y sus simpatizantes. Fue la última gran historia de venganza para sentirse bien y el mundo le aplaudió. Se hicieron programas en TV y películas y pronto Wiesenthal se convirtió en alguien en cada casa, un símbolo del triunfo de la esperanza sobre la maldad.
 
Pero como todo personaje y con tanta santidad, también tiene su lado oculto que no es muy popular. Era inevitable, pero alguien que se ha dedicado con fruición a la caza de alemanes por el mundo, es posible que tenga cosas que no son de alcance público. Sólo faltaba que personas interesadas en ello investigasen al personaje con la misma fruición que él a los alemanes. Lo que va saliendo dejará a más de uno boquiabierto. Pasen y vean...
 
Esos que indagan en la historia de su vida ahora pueden ir más lejos, gracias a una nueva biografía escrita por el israelí Dr. Tom Segev “Simon Wiesenthal. The Life and Legends”. La figura que emerge en el libro es bastante más compleja de lo que uno podía esperar. El Dr. Segev explica que mucho de lo que ha explicado Wiesenthal sobre su vida fue el producto de exageraciones y auto-mitología. El Dr. Segev habló en el programa de radio Radio 4’s Today, y dijo que Wiesenthal era “un cuentista, un hombre que vivía entre la realidad y la fantasía”. Excusó la inclinación de Wiesenthal a fabricar historias sobre su pasado, diciendo que era su forma de hacer más fácil el manejar las atrocidades reales que él experimentó en los campos de concentración.
 
Sin embargo, para el autor Guy Walters, autor del libro “Hunting Evil”, esta aproximación llena de compasión de Segev, no lava la imagen de Wiesenthal. Según este otro autor, la verdad sobre Wiesenthal es de largo mucho peor que lo que dice el Dr. Segev. Guy Walters va mucho más allá y dice sin tapujos que “Desde mi punto de vista, Simon Wiesenthal fue un mentiroso y un fraude. De hecho, he llegado tan lejos en mi investigación que puedo afirmar que ha sido uno de los grandes estafadores del siglo XX”. y sigue “He pasado cuatro años trabajando en una historia sobre cazadores de nazis que se publicó el año pasado y el material que recopilé sobre Wiesenthal fue suficiente para hacer que gritase alto y fuerte. Cuando empecé mi libro yo también creía que ese gran hombre era eso, grande. Pero cuando analicé todas sus memorias, biografías y material original de diferentes archivos, me di cuenta que, como muchos otros, la imagen que me había hecho de Simon Wiesenthal, era profundamente incorrecta”.
 
Según Guy Walters habían muchas distorsiones e incoherencias, muchas mentiras descaradas, ninguna de ellas explicada por la versión más amable del Dr. Segev. Walters insiste en que el hecho es que Wiesenthal mintió sobre casi cada aspecto de su vida. El autor nos invita a ver sus logros en el campo de la educación. Si se visita la página web del Simon Wiesenthal Center, verá que él se presentó para ser admitido en el instituto Politécnico Lvov, pero que no se lo permitieron “por las cuotas restrictivas para con los estudiantes judíos”. Entonces la web dice que él fue a la Universidad Técnica de Praga, “donde obtuvo su título en arquitectura técnica en 1932”. Otras biografías, publicadas en vida de Wiesenthal, dicen que fue a Lvov, en 1934 o 1935 y obtuvo su diploma como arquitecto técnico en 1939”. Todo esto es un cuento, según el autor.
 
En los archivos de Lvov no tienen ninguna ficha de Simon Wiesenthal que demuestre que estudió en la Escuela Técnica de Lvov. Los archivos tienen fichas de otros estudiantes de ese periodo, pero no de él. Y no habían cuotas restrictivas para estudiantes judíos en aquel entonces. Ni tampoco se graduó en Praga. A pesar de que se matriculó el 21 de Febrero de 1929, Wiesenthal nunca acabó sus estudios. Pasó su primer examen el 15 de Febrero de 1932 y lo dejó ese mismo año. A pesar de su falta de credenciales académicas, usó de forma fraudulenta su supuesto diploma en ingeniería en su papel de carta el resto de su vida. Durante la guerra, Wiesenthal dijo haber pasado años fuera y dentro de una larga lista de campos de concentración. Si bien es cierto que pasó un cierto tiempo en campos como Mathausen, también dijo que había estado en Auschwitz, pero no hay ninguna constancia de ello.
 
Luego vino su supuesta carrera como valiente partisano. En dos de sus memorias, dice que se unió a un grupo de partisanos tras escapar de un campo en Octubre de 1943. De acuerdo con una entrevista que dio en 1948 al ejército americano, dijo que fue inmediatamente ascendido a teniente “en base a mi intelecto”. Fue rápidamente promocionado a mayor y fue alguien importante en “la construcción de bunkers y líneas de fortificación”. Wiesenthal decía “Teníamos bunkers fabulosos. Mi rango era como experto en estrategia y experto técnico”. Walters lo tiene claro “Uno sólo necesita unos conocimientos básicos sobre la II Guerra Mundial para entender que lo que dice Wiesenthal es altamente dudoso, por no decir falso. Los grupos de partisanos no construían “Bunkers fabulosos”, en vez de ello se basaban en movilidad para atacar o escapar del enemigo”.
 
También duda Walters de que como judío le hubiesen nombrado oficial entre los partisanos, que eran generalmente anti-judíos. Wiesenthal nos da otra prueba de su experiencia con los partisanos, en la cual él se une a un grupo más pequeño y más “ad-hoc”. Difícilmente podemos pensar que ese grupo construyese bunkers y fortificaciones o incluso que tuviese una estructura formal de promoción interna. Debido a que hay como mínimo cuatro versiones muy diferentes sobre las actividades de Wiesenthal entre Octubre de 1943 y mitades de 1944, afloran serias dudas sobre lo que realmente hizo. Algunos de los que dudaron de sus versiones sobre los hechos, como al antiguo canciller austriaco Bruno Kreisky, llegó tan lejos como para acusar repetidamente a Wiesenthal en los 70 y 80, de ser colaborador de la Gestapo. Las acusaciones de Kreisky fueron basadas en pruebas no sólidas dadas por los polacos y los soviéticos y cuando Wiesenthal llevó a Kreisky a los tribunales, fue Wiesenthal quien ganó.
 
Dos declaraciones juradas hechas por antiguos miembros del ejército alemán, confirmaban que el cazador de nazis había sido un colaborador. Sin embargo, muchos consideran que esas declaraciones juradas se deben tomar con precaución. Es interesante que en el caso de Guy Walters, que incluye estos juramentos como válidos en su libro, es alguien al que no se le considera como sujeto a grupos derechistas o revisionistas, y por ello se supone que sus afirmaciones son objetivas. Además, no tiene miedo en decir que la mayor mentira fue la supuesta involucración de Wiesenthal en la caza y captura de Adolf Eichmann, un supuesto golpe al que siempre ha estado asociado y dice Walters que de forma injustificada. Según el mito, Simon Wiesenthal empezó la búsqueda y captura de Eichmann tal como acabó la guerra en 1945. A principios de 1950, lo tenía todo pero lo dejó hasta que de forma casual, se supone, conoció al noble austriaco barón Mast a finales de otoño de 1953. El barón le mostró una carta que había recibido en Mayo de ese año de un antiguo camarada que vivía en Argentina, en la cual hablaba del “cerdo de Eichmann” que estaba viviendo en Buenos Aires y trabajaba en las cercanías.
 
En sus primeras memorias publicadas “I Hunted Eichmann”, dice Wiesenthal lo terriblemente excitado que se sintió por la noticia, pero que se dio cuenta que estaba fuera de sus posibilidades. Unos cuantos meses después, el 30 de Marzo de 1954, Wiesenthal envió un dossier sobre Eichmann al Congreso Mundial Judío y al cónsul judío en Viena, en el cual compartía el contenido de la carta del barón y revelaba que el criminal estaba trabajando en la construcción de una central eléctrica a 65 millas de Buenos Aires. Desafortunadamente, según Walters, la inteligencia de Wiesenthal era inútil. No sólo fue incapaz de indicar el alias de Eichmann, Ricardo Klement, sino que en la época de la carta del barón, Eichmann estaba trabajando a más de 800 millas de Buenos Aires y en Marzo de 1954, estaba trabajando en la capital argentina para montar su propio negocio. Sin embargo, lo peor estaba por llegar.
 
En 1959, cuando la caza de Eichmann estaba en su apogeo, el Mossad, le preguntó a Wiesenthal si tenía más información sobre el criminal. El 23 de Septiembre, escribió a los israelíes y les dijo que sospechaba que Eichmann estaba “en el norte de Alemania” y que “visitaba Austria de tanto en tanto”. De nuevo fue una información inservible. Desde otras fuentes, los israelíes establecieron que el fugitivo estaba en Argentina y concretamente en Buenos Aires y que Wiesenthal les había llevado a un callejón sin salida. Tras el secuestro de Eichmann al año siguiente por los agentes del Mossad, Wiesenthal tuvo la decencia de negar que “él tuviese algo que ver con la detención de Eichmann” y que había depositado todos sus archivos en Jerusalen. De todas formas, con los israelíes manteniendo el pico cerrado, él decidió rellenar la información que faltaba y comenzar a situarse en el centro de la caza.
 
Escribió que a pesar de que había enviado sus archivos a Jerusalen, había mantenido siempre el dossier de Eichmann. Eso era completamente falso. Quizás su mentira más chocante sobre el asunto Eichmann fue el afirmar que les dijo a los israelíes en una carta de Septiembre de 1959, que el nazi estaba en Argentina. Como he comentado más arriba y en palabras de Walters, les había dicho que Eichmann estaba en Alemania. Una pequeña diferencia de miles de kilómetros. Curiosamente y volviendo al libro del Dr. Segev, él vio las dos cartas y las ignoró en su libro. Los hechos son que Wiesenthal mintió sobre su formación académica, sus experiencias durante la guerra y su caza de Eichmann.
 
Cualquier hombre que haya dicho tantas mentiras no se merece el ser reverenciado. No se le puede tomar en serio. La duda razonable está más que justificada en este caso. Algunos dirán que hizo un gran trabajo, pero después de saber estas informaciones, yo llego a dudar de sus todos sus exitos y sus métodos. Además y por último, decir que Wiesenthal “vivió entre la realidad y la fantasía” en sus experiencias de guerra, es un insulto a todos los supervivientes del Holocausto que merecen la verdad.

"Hunting Evil", libro muy recomendable.

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